Entrevista 59 España parte de una posición especialmente favorable en la transición energética gracias a su liderazgo en renovables y a la descarbonización del sistema eléctrico. Contar con un sistema cada vez más renovable y competitivo en costes es un factor clave para atraer inversión industrial y reforzar la competitividad, especialmente en sectores intensivos en energía. Los datos lo avalan: las energías renovables ya superan la mitad del mix eléctrico y continúan creciendo con fuerza, con el objetivo de alcanzar en torno al 80 % en 2030. Este contexto no solo aporta estabilidad y previsibilidad, sino que reduce la exposición a la volatilidad de los combustibles fósiles, con un impacto directo en los costes energéticos de las empresas. Pero, sobre todo, este liderazgo abre una ventana de oportunidad para posicionarse en nuevas cadenas de valor industriales vinculadas a la transición energética: desde el hidrógeno renovable o los combustibles sintéticos hasta el almacenamiento, la digitalización de redes o la electrificación de procesos industriales. Sectores como la automoción, la química o la industria pesada ya están evolucionando en esta dirección. Las empresas que anticipen este cambio, inviertan en eficiencia y se integren en estas nuevas cadenas de valor serán las que consoliden ventajas competitivas sostenibles en los próximos años, tanto en el mercado europeo como a nivel global. Más allá del componente puramente económico, ¿qué otros factores estratégicos deberían tener en cuenta las empresas al apostar por renovables y eficiencia energética? Los aspectos sociales y ambientales. Las empresas deben incorporar criterios de sostenibilidad en toda su cadena de valor, adoptar prácticas de economía circular, invertir en innovación y formación, y fomentar buenas prácticas y la responsabilidad social corporativa. Estas acciones no solo contribuyen a la lucha contra el cambio climático, sino que también mejoran la competitividad y reputación de las empresas. ¿Qué sectores estratégicos considera que pueden beneficiarse especialmente de este nuevo marco europeo e industrial? La transición energética va a impulsar especialmente a los sectores industriales que deben transformarse a través de la electrificación y la eficiencia energética. Entre ellos destacan ámbitos clave para la economía española y europea como la automoción, especialmente la movilidad eléctrica, el acero, el cemento, la química o la cerámica, que ya están avanzando en la descarbonización de sus procesos. Al mismo tiempo, están surgiendo nuevas oportunidades en torno a las cadenas de valor de la transición energética, como la fabricación de componentes para energías renovables, baterías, almacenamiento, redes eléctricas o tecnologías vinculadas al hidrógeno. En este contexto, el impulso al hidrógeno renovable está acelerando el desarrollo de nuevos proyectos industriales en España, mientras que las iniciativas europeas orientadas a reforzar la autonomía industrial están creando un entorno favorable para consolidar estas capacidades, generar empleo de calidad y reducir dependencias externas. Muchas empresas, especialmente pymes, perciben la transición climática como un reto complejo. Desde la perspectiva del Ministerio, ¿cuáles serían los primeros pasos realistas para comenzar este proceso sin comprometer su viabilidad económica? El primer paso para cualquier empresa es conocerse mejor. Analizar sus procesos productivos, sus consumos energéticos yº sus emisiones permite identificar oportunidades de mejora que, en muchos casos, tienen un impacto directo en la eficiencia y en la cuenta de resultados. Medidas como la eficiencia energética, el autoconsumo, la electrificación o la optimización de procesos no solo reducen emisiones, sino también costes. Desde el Ministerio existen herramientas que facilitan este camino, como el Registro de Huella de Carbono, que permite a las empresas medir, reducir y comunicar su impacto, avanzando de forma estructurada en su transición. Además, el contexto está evolucionando rápidamente y abre nuevas oportunidades. La electrificación de la movilidad, por ejemplo, sigue creciendo con fuerza, tanto en adopción como en infraestructuras, generando nuevos espacios de actividad para el tejido empresarial. En este escenario, avanzar en sostenibilidad no es solo una cuestión ambiental, sino una decisión empresarial inteligente. Conocer mejor los consumos, reducir ineficiencias y apostar por la transición energética permite ganar competitividad, reducir riesgos y prepararse para un entorno cada vez más exigente. Porque, en muchos casos, la transición climática no empieza con grandes inversiones, sino con decisiones de gestión que generan valor desde el primer momento ◆ Las energías renovables ya superan el 50% del mix eléctrico y siguen creciendo hacia el 80% en 2030
RkJQdWJsaXNoZXIy ODY5Mw==