58 En la COP28, 120 países -entre ellos España- se comprometieron a triplicar la capacidad de producción de energía renovable para 2030. ¿En qué situación nos encontramos? España está avanzando significativamente en este ámbito, somos líderes en energías renovables. En 2024, las renovables supusieron el 57% del mix eléctrico. Cada año se incrementa la potencia instalada de generación renovable, el año pasado se añadieron 7,3GW, lo que supuso el mayor incremento registrado hasta la fecha. Está previsto que las energías renovables representen el 74% de la generación eléctrica en 2030. Es otro ejemplo de cómo las políticas y medidas de energía y clima, junto con los avances tecnológicos y la implicación del sector privado, están sirviendo para acelerar la transición energética. La electrificación se presenta como uno de los vectores principales para la descarbonización, pero ¿qué otras iniciativas son necesarias acometer para afrontar el cambio climático? El cambio climático es un reto muy complejo, y tiene sus causas últimas en un modelo de producción y consumo insostenible, que no respeta los límites del planeta. Para abordarlo, hay que actuar en varios frentes a la vez. Por ejemplo, además de la electrificación, es fundamental promover la eficiencia energética y la economía circular. También, reforzar el papel de los bosques y de otros ecosistemas sanos, terrestres y marinos, en la lucha contra el cambio climático, aplicando medidas de conservación y de restauración. Además, un cambio en los estilos de vida que priorice, por ejemplo, caminar, usar bicicleta o transporte público en lugar de automóviles particulares, o un consumo responsable, local y de temporada, también contribuye a reducir las emisiones y a promover unos valores en la sociedad que impulsen la transición energética. El resto de las tecnologías, como el SAF o el hidrógeno verde, ¿son competitivas y rentables? En este momento, tecnologías como el SAF y el hidrógeno verde son menos competitivas que las tecnologías convencionales fósiles, sobre todo cuando estas últimas no han incorporado en sus costes las externalidades medioambientales. Requieren de apoyo público, desarrollo de economías de escala y avances en infraestructura. Por eso, es preciso instaurar políticas que promuevan las nuevas tecnologías, para que alcancen madurez y rentabilidad. En materia de cambio climático, se habla mucho de reducción y menos de mitigación y adaptación. ¿Por qué? Ambas son cara y cruz de la misma moneda: debemos avanzar al mismo tiempo en descarbonización y en resiliencia. Reducir las emisiones para alcanzar la neutralidad climática es lo que denominamos mitigación, pero el cambio climático ya está aquí, por lo que estas acciones deben complementarse con medidas de adaptación orientadas a gestionar sus impactos. No se trata de elegir entre una u otra, sino de abordarlas de forma conjunta. En España contamos con el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático 2021-2030, que busca reducir los daños y construir una economía y una sociedad más resilientes. En los últimos meses se ha intensificado en Europa el debate sobre competitividad industrial y simplificación regulatoria en el marco del Pacto Verde. ¿Cómo interpreta este momento y qué papel debe jugar la política climática en la estrategia industrial europea? Nos encontramos en un escenario geopolítico complejo que obliga a Europa a replantear cómo proteger su economía, su industria y el bienestar de sus ciudadanos. En este contexto, la transición energética y la política climática no son un obstáculo para la competitividad, sino una condición imprescindible para garantizarla. Europa tiene un acceso limitado a los recursos fósiles y afronta una creciente presión competitiva global. La descarbonización permite reducir esa dependencia, reforzar la autonomía estratégica y avanzar hacia un modelo industrial más resiliente y competitivo. Más allá del debate político, ¿cree que este nuevo enfoque europeo puede traducirse en cambios concretos para las empresas españolas en los próximos años? Las señales en Europa son claras: los objetivos climáticos están definidos y el rumbo hacia una economía descarbonizada es irreversible. Más que un cambio de dirección, estamos en una fase de consolidación del marco europeo, que debe aportar mayor previsibilidad y facilitar decisiones de inversión a largo plazo. Mantener una dirección clara será clave para evitar incertidumbre y seguir orientando las inversiones. Para las empresas españolas, esto se traduce en nuevas oportunidades, especialmente en sectores donde ya son competitivas. La movilización de inversión pública y privada en ámbitos como la electrificación o el hidrógeno renovable abre nuevas cadenas de valor. Las compañías que se anticipen y se posicionen en ellas serán las que obtengan mayores ventajas competitivas en los próximos años. ¿Cuáles son los retos que deberían afrontar las empresas en la lucha contra el cambio climático? El sector privado tiene un papel clave como generador de soluciones frente al cambio climático. El principal reto es asumir ese rol de forma activa, integrando la sostenibilidad en la gestión y en la toma de decisiones. Muchas empresas ya están avanzando en esta dirección, analizando sus impactos y riesgos climáticos, y aumentando sus inversiones en tecnologías y soluciones más sostenibles y resilientes. A esto se suma el desafío de la transformación del empleo: la transición está generando nuevas oportunidades, pero también exige adaptar y desarrollar nuevas capacidades en ámbitos como las energías renovables, la economía circular o la conservación de la biodiversidad. España ha avanzado de forma notable en energías renovables y descarbonización del sistema eléctrico, situándonos como líderes en este ámbito. ¿Cómo pueden las empresas españolas capitalizar esta posición para ganar ventajas competitivas? España cuenta con una posición privilegiada para liderar nuevas cadenas de valor vinculadas a la transición energética
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