Compromiso RSE_76

Cuando el residuo se convierte en recurso La transformación se vuelve especialmente visible cuando la economía circular deja de formularse en términos generales y empieza a materializarse en proyectos concretos capaces de cerrar ciclos de materia y energía. Es ahí donde el concepto gana credibilidad empresarial: cuando demuestra que puede mejorar la eficiencia, reducir consumos, abrir nuevas vías de valorización y reforzar la competitividad industrial. En este tipo de soluciones, el papel del sector energético resulta especialmente relevante como facilitador de modelos industriales más circulares. Es el caso de ENGIE España, que impulsa proyectos orientados a transformar residuos en recursos y optimizar el uso de la energía dentro de los procesos productivos. Un ejemplo es el desarrollado junto a Viscofan en su planta de Cáseda (Navarra), donde la compañía ha instalado una caldera de biomasa de 5 MW térmicos que permite generar vapor renovable para autoconsumo industrial a partir de deshechos celulósicos del propio proceso y biomasa forestal local certificada. Esta instalación genera cerca de 7,5 toneladas de vapor por hora, valoriza alrededor de 4.000 toneladas anuales de subproductos y contribuye a reducir en unas 9.000 toneladas al año las emisiones de CO2, sustituyendo parcialmente el consumo de gas natural. Se trata de una solución pionera por la integración de distintos combustibles en una misma infraestructura y refleja cómo la colaboración entre industria y sector energético puede acelerar la transición hacia modelos más eficientes, circulares y descarbonizados. Otro modelo es el que está aplicando la compañía alemana Covestro en España, donde su planta de producción de cloro en Tarragona se ha convertido en la primera a nivel mundial en emplear la tecnología de cátodo de oxígeno despolarizado, que reduce un 25% el consumo energético y evita la emisión de unas 22.000 toneladas de CO2 al año. Esto se suma a la utilización de contenedores fabricados en un 30% con polietileno reciclado en las plantas de Barcelona y Parets del Vallès. Su director general, Andrea Firenze, subraya que el objetivo a largo plazo de la compañía es convertirse en una organización “totalmente circular”, lo que implica transformar el ciclo de vida completo de los materiales, desde su origen hasta su reincorporación al sistema productivo. No solo la energía. Todos los sectores buscan cómo aplicar la circularidad adaptándola a su realidad, a sus necesidades y a sus procesos. En alimentación, por ejemplo, ElPozo subraya que es un pilar estratégico apostando por optimizar al máximo los recursos y aprovechar mejor la energía, el agua y las materias primas. Una decisión que se traduce en iniciativas como la reutilización de aguas depuradas para riego, la generación de biogás a partir de residuos orgánicos, la gestión de materiales como el plástico (lo que les ha permitido acceder a la certificación Retray de Ecosense Foundation) o proyectos como la producción de heparina a partir de subproductos animales. A ello se suman medidas de ecodiseño, reutilización de materiales, recuperación de calor y reducción de emisiones en sus procesos productivos. Si seguimos en el sector alimentario hay más ejemplos como Damm, que aplica estos principios en todo el proceso, desde el diseño de los envases hasta la gestión de los residuos. La compañía centra sus esfuerzos en maximizar el aprovechamiento de los recursos y reducir el uso de materias primas vírgenes, con el objetivo de mejorar la eficiencia operativa y reducir el impacto ambiental de sus procesos. Son varias las iniciativas concretas que Damm ha puesto en marcha, como la valorización de subproductos del proceso cervecero, como el bagazo o la levadura, que se reutilizan como alimentación animal, así como la valorización de más del 90% de los residuos generados en sus fábricas, evitando su envío a vertedero. A ello se suma el impulso de envases 100% reciclables y, en muchos casos, reutilizables, especialmente en el canal de hostelería, junto con estrategias de ecodiseño orientadas a reducir materiales y alargar el ciclo de vida de los productos, reforzando así la eficiencia operativa y la competitividad del negocio. Ampliar la escala: de la planta al sistema Estos proyectos concretos son la base sobre la que se debe construir el cambio de modelo productivo. A medida que evolucionan, la economía circular deja de percibirse como una suma de iniciativas puntuales y empieza a configurarse como un modelo capaz de escalar a nivel sectorial. El verdadero salto se produce cuando la lógica circular no se aplica solo a un residuo, una planta o una línea de producción concreta, sino que pasa a influir en la organización del sistema industrial en su conjunto, en la vida útil de los productos y en la estructura misma de las cadenas de valor. 38 La economía circular avanza como un eje estratégico para las empresas, integrándose de forma transversal en procesos, productos y modelos de negocio.

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