Compromiso RSE_76

26 sistema alimentario llamado a ocupar ahora ese mismo protagonismo? Sí, claramente. Durante mucho tiempo el foco ha estado en energía y transporte, pero ahora se está trasladando al sistema alimentario, porque es donde confluyen múltiples dimensiones: emisiones, biodiversidad, salud, desarrollo rural, recursos hídricos y relevo generacional. Por eso en Nestlé hablamos de sostenibilidad en 3 dimensiones: ambiental, social y también financiera. Las tres deben confluir para encontrar ese equilibrio que permita que la sostenibilidad perdure en el tiempo. El mayor impacto ambiental del sector está en el origen de la cadena de valor. ¿Hasta qué punto la transformación de la agricultura es la clave para la sostenibilidad? Para nosotros es absolutamente fundamental. En Nestlé entendemos la sostenibilidad en torno a tres grandes ejes: el cambio climático, la circularidad, tanto en envases como en la prevención del desperdicio alimentario, y la agricultura regenerativa. La agricultura regenerativa combina prácticas agrícolas tradicionales con las capacidades que aporta la tecnología actual, con el objetivo de garantizar la seguridad alimentaria, mejorar la eficiencia del sistema y, en definitiva, producir más con menos recursos. Para lograrlo es imprescindible trabajar de forma estrecha con agricultores y ganaderos, impulsando prácticas que reduzcan emisiones, regeneren los suelos y aumenten la resiliencia de las explotaciones frente a un contexto climático cada vez más exigente. La agricultura regenerativa apunta a un cambio de modelo. ¿Hasta qué punto es realmente capaz de transformar el sistema agrícola? Tiene un potencial enorme. Hasta ahora el foco había estado en reducir impactos o emisiones, pero este enfoque va un paso más allá: busca regenerar los recursos naturales, como la salud del suelo, la biodiversidad o el uso del agua y los fertilizantes. En nuestro caso, esto se traduce en un trabajo directo con agricultores y ganaderos, así como en la colaboración con ONG, para impulsar prácticas como los cultivos de cobertura, la rotación de cultivos, la mejora del bienestar animal o una gestión más eficiente de fertilizantes y del riego. En España ya contamos con más de un centenar de granjas que aplican agricultura regenerativa. Por ejemplo, todos los tomates de la marca Solís y todos los cereales de nutrición infantil se producen bajo estas prácticas. El reto ahora es alcanzar una masa crítica. No se trata de impulsar proyectos aislados, sino de que este modelo se extienda y se consolide en todo el sector. Como gran compañía tenemos la responsabilidad de liderar este cambio junto a otros actores, pero es evidente que no podemos hacerlo solos: es necesario que más empresas se sumen. Y, sobre todo, que sean los propios agricultores y ganaderos quienes validen el modelo. Cuando son ellos quienes comprueban que funciona y que aporta beneficios reales, tanto sociales como económicos, es cuando el cambio empieza a producirse de verdad. Si el potencial es tan claro, ¿qué está frenando su adopción a escala? La principal barrera es la inversión inicial, con retornos a medio o largo plazo, por ejemplo, en maquinaria de arado selectivo o sistemas de riego por goteo. En nuestro caso, apoyamos esta transición mediante cofinanciación a fondo perdido. A esto se suma la resistencia al cambio y la falta de formación técnica. Son formas distintas de trabajar que requieren aprendizaje y que, en muchos casos, todavía generan cierto desconocimiento. Además, estamos hablando de técnicas muy avanzadas, como el uso de satélites o índices de germinación para optimizar el riego o la fertilización en distintas zonas de un mismo campo. Son heNestlé ha reducido un 24,5% sus emisiones desde 2018, superando su objetivo para 2025

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