55 Entrevista esa infraestructura. El uso de recursos asociados a lo digital, desde los centros de datos hasta el consumo energético o de agua, empieza a entrar en la conversación pública, pero todavía está lejos de formar parte de la conciencia cotidiana de la sociedad. Esto no significa que debamos renunciar al mundo digital, pero sí utilizarlo de forma más racional y comprender su impacto real. Porque analizando ciclos de vida completos, los productos basados en recursos naturales como el papel o el cartón presentan en muchos casos impactos ambientales menores que las soluciones digitales. En los últimos años, muchas empresas han pasado de considerar la sostenibilidad forestal como una cuestión reputacional a integrarla dentro de sus estrategias ESG. ¿Qué factores han impulsado este cambio? El primero, claramente, es el factor normativo. La Comisión Europea ha impulsado una serie de cambios legislativos que han tenido un efecto tractor muy importante. El segundo factor es el reputacional. Pese a la relajación administrativa, las compañías no van a desandar el camino recorrido ni a desalinearse de las estrategias de sostenibilidad que ya han incorporado. La reputación es un elemento clave de cara a los consumidores finales. Los estudios realizados por Ipsos y More Than Research para FSC confirman que la preocupación por los bosques sigue estando presente, especialmente por los incendios forestales. Y hay un tercer elemento que también es determinante: el factor climático. A pesar de cierto clima de negacionismo o de otras preocupaciones que parecen ocupar más espacio en el debate público, la realidad es que el problema climático sigue ahí y no lo hemos resuelto. Además, tiene un impacto directo sobre la economía, ya que afecta a la producción, a los recursos naturales y a las cadenas de abastecimiento en múltiples sectores económicos. ¿Cómo ayuda FSC a las empresas a incorporar la gestión forestal dentro de sus estrategias ESG? En el contexto regulatorio actual hay dos ámbitos en los que FSC puede aportar un valor claro a las empresas. El primero tiene que ver con el marco financiero y la taxonomía verde. FSC es un sistema de certificación basado en estándares rigurosos y verificación independiente por terceras partes. Eso significa que los datos que se generan sobre la gestión forestal, la producción o el origen de las materias primas son datos objetivos y verificables. Además, con el desarrollo reciente del portfolio de servicios ecosistémicos forestales dentro de la certificación FSC, se pueden acreditar impactos positivos relacionados con aspectos como la biodiversidad, el carbono o el agua, algo muy útil a la hora de acceder a financiación sostenible o demostrar el valor ambiental de sus inversiones. El segundo ámbito tiene que ver con el reporting de sostenibilidad, donde contamos con herramientas como el Benchmarking Tool, que compara los indicadores de la certificación con los principales marcos de reporting global, como CSRD, GRI, TNFD o CDP. También contamos con iniciativas empresariales que ponen en práctica este enfoque, como el programa “Comprometidos con nuestros bosques”, una alianza empresarial impulsada por Carrefour en colaboración con FSC. Un programa que ya lleva varias ediciones y que reúne a empresas interesadas en desarrollar proyectos vinculados a la gestión forestal sostenible y a soluciones basadas en la naturaleza. Has mencionado el desarrollo de los servicios ecosistémicos dentro de la certificación FSC. ¿En qué consisten exactamente? El objetivo es ofrecer herramientas a propietarios y gestores forestales para valorizar económicamente servicios que tradicionalmente se han considerado externalidades: la biodiversidad, la captura de carbono, la regulación del agua, la protección del suelo, la calidad del aire o incluso valores culturales, recreativos o turísticos asociados al bosque. Esa valorización permite movilizar inversión pública y privada hacia el sector forestal. En un contexto donde la rentabilidad directa de la madera puede ser limitada, reconocer económicamente estos servicios puede ampliar el modelo de negocio del sector. Por ejemplo, cuando un proyecto forestal certificado demuestra capacidad de absorción de carbono, esa captura puede generar créditos que se comercializan en los mercados de carbono. En estos casos, la certificación FSC actúa como un elemento de garantía adicional. La gestión forestal certificada se considera una gestión mejorada desde el punto de vista ambiental y social, lo que se traduce en un mayor valor para esas toneladas de carbono capturadas. Mirando al futuro, ¿qué papel cree que jugarán los bosques en la economía y en las cadenas de suministro globales? Creo que en los próximos años el aseguramiento de las cadenas de suministro y de los factores de producción van a adquirir todavía más protagonismo. Vivimos en un contexto de cambios rápidos y de creciente incertidumbre, donde el clima, los conflictos geopolíticos o la disponibilidad de recursos pueden afectar directamente a esas cadenas de suministro. En el caso del sector forestal, estamos convencidos de que su papel será cada vez más relevante, porque los bosques proporcionan servicios esenciales para la sociedad. Por eso confiamos en que aumenten las fórmulas de inversión público-privada que permitan mejorar la rentabilidad y la gestión del territorio. En cualquier caso, si hay una tendencia clara es el creciente papel de los sistemas de certificación independientes. Los consumidores demandan cada vez más garantías sobre el origen y la sostenibilidad de los productos que consumen. Por eso los sellos basados en verificación por terceras partes, con criterios rigurosos y procesos de acreditación, seguirán siendo una herramienta clave para aportar confianza y transparencia a las cadenas de suministro◆ FSC certifica cerca de 1.000.000 de hectáreas en España, aproximadamente el 25% de toda la superficie forestal con gestión activa
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