Compromiso RSE_76

energía, agroindustria y gestión del agua, actividades intensivas en capital y altamente expuestas al riesgo físico. Hablamos de redes energéticas, activos críticos de transporte, sistemas hídricos o cadenas agroalimentarias cuya continuidad operativa depende cada vez más de su capacidad para resistir eventos extremos y cambios estructurales en el clima. En este contexto, la combinación de inversión pública, banca de desarrollo y capital privado resulta determinante para estructurar iniciativas que puedan atraer financiación a largo plazo. La oportunidad de inversión en adaptación climática existe, pero -como apuntó Elvira Calvo-, activarla requiere un entorno que permita transformar la ambición en decisiones de inversión concretas. Ello implica mejorar la disponibilidad y el uso de datos sobre riesgo físico, reforzar la planificación y la gobernanza público-privada, dotar de mayor claridad y consistencia a los marcos regulatorios y en desplegar instrumentos financieros que faciliten la movilización de capital a escala. El reto no es reconocer la necesidad de adaptación, sino integrarla de forma estructural en la lógica económica de los proyectos. El reto regulatorio: legislar sobre lo desconocido Uno de los puntos del debate fue la dificultad de encajar los proyectos de adaptación en la actual taxonomía europea, diseñada principalmente para la mitigación de emisiones. En ese sentido, Rodrigo Robledo, Director General de Política Financiera y Tesorería de la Comunidad de Madrid, afirmó que ya hay proyectos de adaptación, "aunque no se estén identificando como tales”. Y explicó que, por ejemplo, en el tema del agua, el Canal Isabel II ha modernizado toda la red de suministro de agua de Madrid, eliminando una gran parte de las pérdidas de agua en el transporte desde los embalses a la ciudad. "Se ha realizado, en parte, gracias a la financiación del Banco Europeo de Inversiones, que, sin embargo, lo ha catalogado como financiación verde y en ningún momento se ha hablado de adaptación. ¿Y por qué creo que no se ha catalogado como adaptación?” -se preguntó-, “en gran parte, porque tenemos una regulación muy compleja; soy muy crítico con la regulación europea de la taxonomía, además no existen KPIs medibles cuando hablamos de adaptación. En mitigación, el estándar son las toneladas de CO2 evitadas, pero, ¿dónde están las KPIs en adaptación?”, interpeló. A pesar de las dificultades, el Director General de Política Financiera y Tesorería destacó el éxito de la Comunidad de Madrid al acudir a los mercados de capitales con productos sostenibles verificados: "Cuando el año pasado emitimos el primer bono verde en Europa bajo el estándar EU GBS, la respuesta fue magnífica. Hubo un ‘Greenium’ (prima verde) porque había una demanda específica de inversores que necesitaban esos activos para sus carteras". Monetizar el riesgo para proteger el negocio Desde el sector de las infraestructuras, Valentín Alfaya, Sustainability Director de Ferrovial, coincidió en el diagnóstico sobre la "hipertrofia regulatoria" de la Unión Europea y algunas dificultades que plantea la taxonomía, como que las infraestructuras de transporte, por ejemplo, no sean ni tan solo elegibles, cuando son las que más financiación necesitan, a escala global, para adaptarse. Alfaya abogó en el encuentro por un enfoque pragmático basado en la ciencia y la ingeniería. “En Ferrovial -explicó-, evaluamos y monetizamos desde hace aproximadamente tres años los riesgos físicos de todas nuestras infraestructuras a través de Adaptare, una herramienta desarrollada conjuntamente con la Universidad de Cantabria, que nos permite proteger nuestra cuenta de resultados y el servicio que ofrecen estas infraestructuras a través de las medidas de resiliencia que debemos adoptar”. Y continuó: "Si no somos capaces de aterrizar la exposición y vulnerabilidad de los riesgos climáticos a un valor monetario, no vamos a avanzar. Hay que monetizar esos riesgos, aún con cierta incertidumbre, porque ahí es donde están los catalizadores de la inversión", sentenció Alfaya. Por último, destacó como proyecto de adaptación al cambio climático que están desarrollando en Ferrovial el nuevo muelle de graneles líquidos del Puerto de Huelva. “Hemos llegado a un acuerdo con la Administración para recrecer el muelle y protegerlo de las subidas que hemos estimado del nivel del mar en el período de vida útil del muelle”, explicó. También destacó, como oportunidad de negocio, el estudio que están realizando para desarrollar nuevos betunes asfálticos que permitan dotar de una mayor elasticidad a los pavimentos ante temperaturas extremas. Estos son aplicados a sus propias infraestructuras, pero también son comercializados a terceros. El cortoplacismo del cliente y el sector energético María Colom, Senior Director Client Decarbonization Accelerator de Engie, aportó la perspectiva del sector energético e incorporó otra dificultad a las mencionadas en la adaptación al cambio climático: su experiencia en la relación con el cliente final. “Aunque muchas corporaciones muestran una buena ambición en descarbonización, resiliencia y autonomía, en el día a día muchos clientes industriales todavía toman decisiones muy condicionadas por el coste inmediato”, señaló. Explicó que esta visión a corto plazo es habitual en entornos competitivos. “Contar con una hoja de ruta global y coordinada ayuda a evitar decisiones aisladas y permite priorizar mejor, tomando decisiones económicas más sólidas”, añadió Colom. Un momento del Desayuno con Compromiso, esponsorizado por BBVA, sobre Adaptación al Cambio Climático La adaptación climática está siendo impulsada por sectores como infraestructuras, energía, agricultura y agua Valentín Alfaya, FERROVIAL “En Ferrovial evaluamos y monetizamos los riesgos físicos de todas nuestras infraestructuras” “Ya hay proyectos de adaptación, aunque no se estén catalogando como tales” Rodrigo Robledo, COMUNIDAD DE MADRID 34

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