Compromiso RSE_76

Entrevista 31 Compartir retos, debatir problemas comunes y contrastar enfoques enriquece el desempeño del directivo de sostenibilidad. Por eso, el networking es fundamental y una de las líneas que impulsamos desde la asociación. ¿Cuáles son los principales ejes estratégicos y prioridades que se ha marcado DIRSE bajo su presidencia? Los ejes estratégicos se mantienen: formación, influencia, networking y desarrollo de recursos para apoyar el trabajo de los profesionales. A partir de ahí, queremos reforzar la presencia, acercándonos a las delegaciones y profesionales fuera de Madrid o Barcelona. Otro foco ha sido escuchar más directamente a los socios. Hemos realizado focus groups para conocer su experiencia, el valor que perciben y qué aspectos mejorar, lo que nos permite orientar mejor nuestras iniciativas. En ese proceso, ¿hacia dónde quiere avanzar la asociación en términos de valor para el socio y posicionamiento futuro? Una de las principales conclusiones es avanzar hacia un networking más segmentado, enfocado por temáticas o perfiles. Hay intereses muy diversos: gobernanza, social, medio ambiente o retos del día a día, y queremos adaptar mejor las actividades a esas necesidades. También buscamos responder a esa diversidad desde una perspectiva temática y geográfica. Con más de 1.000 socios y 140 empresas, estamos en un punto que nos permite dar un paso hacia la excelencia en el valor que ofrecemos. Además, queremos reforzar la influencia, avanzar en la internacionalización y seguir contribuyendo al debate público y a la relación con las administraciones. Todo esto se apoya en el compromiso de las personas: el equipo de DIRSE, la junta directiva y quienes han liderado la asociación comparten una voluntad de aportar y seguir impulsando la profesión. Esa energía colectiva es uno de nuestros mayores activos y será clave para lo que viene. En los últimos años el marco regulatorio en sostenibilidad ha avanzado muy rápido, pero también ha generado cierta sensación de complejidad e incluso de fatiga. ¿Cómo describiría el momento actual en Europa y en España? España ha sido un país adelantado en este ámbito. Ya con la Ley 11/2018, determinadas empresas estaban obligadas a reportar información de sostenibilidad con rigor. Posteriormente, con la llegada de la CSRD y los nuevos estándares europeos, en 2024 comenzaron a reportar principalmente las empresas cotizadas. Sin embargo, el paquete ómnibus de la Comisión Europea, necesario aunque quizá tardío, ha supuesto una corrección del planteamiento inicial. A esto se suma que algunos países, como España, aún no han adaptado la normativa, lo que genera ruido y cierta confusión en las empresas. En ese contexto, ¿cómo deberían afrontar las empresas la sostenibilidad más allá del propio cumplimiento normativo? Yo suelo recomendar algo claro: abstraerse del ruido regulatorio y centrarse en lo esencial. Tiene sentido realizar un análisis de materialidad para identificar los aspectos relevantes en términos ambientales, sociales y de gobernanza, igual que con la información financiera. También identificar riesgos y oportunidades, fijar objetivos y medirlos, porque lo que no se mide no se gestiona. Si ese trabajo de base está bien hecho, el reporting no es el fin, sino el resultado de un proceso previo, en el que los estándares ayudan a dar coherencia, pero no son el punto de partida. Es un ejercicio que nosotros mismos hemos hecho en DIRSE. El año pasado elaboramos nuestro primer informe siguiendo estándares como el VSME, lo que nos permitió identificar asuntos materiales, definir prioridades y estructurar mejor nuestras políticas y acciones. Para que la sostenibilidad genere realmente valor, es clave conectarla con el negocio. ¿Qué palancas debe activar un directivo de sostenibilidad para identificar oportunidades dentro de la empresa? La primera es hablar el lenguaje de las distintas áreas, entendiendo los aspectos materiales y a quién te diriges. No es lo mismo hablar con compras, negocio, personas o sistemas. El directivo de sostenibilidad debe traducir los riesgos y oportunidades al lenguaje de cada interlocutor, para que entienda su relevancia y el impacto en su área. La segunda clave es la monetización. Si no se explican las cosas en términos económicos, no se entienden. Por eso es importante dar un valor económico a los riesgos y oportunidades, aunque no siempre sea sencillo. España cuenta con ventajas relevantes en ámbitos como la transición energética o el desarrollo de energías renovables. ¿Qué condiciones deberían darse para que el tejido empresarial aproveche plenamente ese potencial? Es necesaria una regulación estable, con reglas claras y orientadas a incentivar la competitividad. Si la sostenibilidad no se percibe como un elemento que la refuerza, su integración se complica. En segundo lugar, es clave reforzar la colaboración público-privada. Escuchar a las empresas, que son quienes deben implementar muchas de estas medidas. Por último, es imprescindible trabajar con una visión de largo plazo. Aunque hay que responder a los retos inmediatos, los grandes desafíos de la sostenibilidad requieren consenso y estabilidad en el tiempo, ya que trascienden una legislatura y tienen un impacto directo en el futuro ◆ La sostenibilidad no es una opción, es condición para garantizar la continuidad.

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