30 En un contexto marcado por tensiones geopolíticas y decisiones a corto plazo, ¿hasta qué punto resulta más complejo gestionar esa dualidad entre urgencia y visión de largo plazo? Esa tensión es cada vez más evidente. Por ejemplo, la Unión Europea ha aprobado objetivos de reducción de emisiones a 2040 del 90 %, lo que prácticamente equivale a alcanzar emisiones netas cero. Sin embargo, al mismo tiempo se debate sobre el nivel de ambición, el papel de la energía nuclear o la necesidad de recurrir más o menos al gas. Esto refleja la contradicción entre una gestión del corto plazo condicionada por el contexto geopolítico y la visión de largo plazo que exigen los retos de la sostenibilidad, una dualidad que condiciona directamente la toma de decisiones de las compañías. A pesar de ese contexto cambiante, ¿diría que la sostenibilidad se ha consolidado como un elemento estructural dentro de la estrategia empresarial? Sí, porque incluso con los vaivenes del entorno, la sostenibilidad no ha estado realmente en entredicho. Más allá de ideologías, hay una realidad objetiva: el cambio climático tiene impactos evidentes, las brechas sociales afectan directamente a las organizaciones y cuestiones como el talento o la gobernanza son cada vez más determinantes. Si las empresas quieren crear valor a largo plazo y ser resilientes, la sostenibilidad tiene que estar integrada en su estrategia. No es una opción, sino una condición para garantizar su continuidad. En este proceso, uno de los grandes cambios ha sido el papel de la información no financiera. ¿Cómo ha influido en la forma en que las empresas abordan la sostenibilidad? Uno de los aspectos más positivos de la regulación europea en materia de reporting ha sido la equiparación de la información no financiera con la financiera. Esto ha supuesto un cambio en la forma de abordar la sostenibilidad y en su consideración dentro de la empresa. Ha puesto de manifiesto que la evaluación de riesgos y oportunidades en clave ESG es fundamental para definir la estrategia y crear valor a largo plazo, y ha implicado un mayor reconocimiento y responsabilidad para el directivo de sostenibilidad. Además, ha facilitado su integración en toda la compañía. En paralelo, el perfil del directivo de sostenibilidad también ha tenido que transformarse. ¿Cómo han cambiado las capacidades y habilidades que exige hoy este rol? La capacidad de influencia es uno de los rasgos más determinantes del directivo de sostenibilidad, y la asertividad, una competencia clave. Es una función que exige alinear y movilizar a toda la organización. Además, estamos viendo directivos de sostenibilidad que pasan a áreas de negocio y a posiciones operativas, y, a la inversa, perfiles de negocio que se incorporan a la función. La sostenibilidad se entiende ya como una palanca estratégica. El rol del DIRSE es muy completo, incluso más transversal que una dirección de estrategia. Requiere entender hacia dónde va la compañía, pero también conocimientos de gobernanza, aspectos técnicos como el medio ambiente y una relación estrecha con áreas como personas o cultura para impulsar la transformación. En ese proceso, ¿hasta qué punto se ha consolidado la presencia del directivo de sostenibilidad en los niveles más altos de decisión dentro de las empresas? Estamos trabajando para cuantificar mejor esta evolución, aunque cualitativamente ya se percibe con claridad. En muchas compañías, la función de sostenibilidad está integrada en áreas que dependen del CEO o reporta directamente a él. Cada vez es más habitual ver comisiones de sostenibilidad en los consejos de administración. El impulso del CEO es clave para dar visibilidad y peso real a esta función. Estos movimientos se han acelerado en los últimos cinco años y reflejan una tendencia clara hacia una mayor integración de la sostenibilidad en los niveles de decisión de la empresa. Si miramos a los próximos cinco o diez años, ¿cómo cree que evolucionará el papel del directivo de sostenibilidad dentro de las organizaciones? Creo que avanzaremos hacia una profesión más madura, en la que la sostenibilidad esté tan integrada en la compañía que, en algunos casos, se difuminen las responsabilidades específicas del rol. Esto dependerá del tipo de empresa y de su ritmo de evolución. Pero, en cualquier caso, el directivo de sostenibilidad seguirá siendo un actor relevante en las estructuras de decisión, con independencia de cómo se configure su posición en el organigrama. DIRSE se ha consolidado en los últimos años como una comunidad profesional muy activa. Desde su experiencia, ¿qué iniciativas o herramientas están resultando hoy más valiosas para los socios? Hay dos elementos clave: la formación, con contenidos aplicables al día a día, y el networking. Es una profesión que se construye en red. La información no financiera ya se sitúa al nivel de la financiera
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