Entrevista 27 ¿Cuál es el rol que deben asumir los Consejos de Administración en la transformación sostenible? Es clave. Al final, los inversores —que son quienes interactúan directamente con los Consejos— buscan estrategias de retorno a medio y largo plazo. Y la buena noticia es que la sostenibilidad se está consolidando como un factor positivo de inversión en muchos sectores. Las industrias más contaminantes, que afectan negativamente a la salud, están perdiendo atractivo, tanto por presión regulatoria como por el cambio en las preferencias del consumidor. ¿Estamos en una revolución sostenible? Sin duda. Vivimos una transición constante. El modelo energético, por ejemplo, ha cambiado radicalmente en pocas décadas: del carbón al petróleo, y ahora a la electrificación con energías limpias. Es una revolución en directo, que será estudiada en el futuro. El reto no es solo transformarse, sino hacerlo a la velocidad adecuada. Los países que logren mantener ese ritmo serán los que lideren los próximos 50 años. ¿Cómo se articula la colaboración en este entorno tan polarizado y cambiante? Es uno de los grandes desafíos. Desde Forética, por ejemplo, impulsamos el Consejo Empresarial Español para el Desarrollo Sostenible, con cerca de 50 presidentes de grandes compañías. Les pedimos una visión a largo plazo y lanzamos la “Visión 2050”, que plantea la transformación sectorial de forma sistémica. Para avanzar, hay que marcar objetivos claros: ¿cómo debe ser la movilidad en 2050? ¿Qué tipo de energía queremos? ¿Qué modelo de salud? Si el objetivo es cero emisiones, eficiencia y asequibilidad, entonces hay que alinear productos, servicios, cadena de valor y diálogo con la administración para que los incentivos vayan en esa dirección. ¿Cómo se traduce eso en planes concretos? Con conversaciones sectoriales que vinculen objetivos, planes de acción y métricas. Por ejemplo, en el sector salud o alimentación estamos trabajando en medición de emisiones en la cadena de valor. El horizonte 2050 está cerca, y el análisis es complejo. Pero hay que evitar la frustración y el discurso polarizado. No se trata de ideología, sino de comprender qué funciona y qué no. Y eso exige ordenar las conversaciones, ser transparentes con los objetivos y realistas con los plazos. ¿Cuáles son, para Forética, los grandes retos a resolver en sostenibilidad? Diría que hay dos grandes ejes. Por un lado, el reto climático y del impacto sobre la naturaleza, que afecta directamente a sectores como la energía, la industria o el transporte. Son sectores que están en plena transformación y que necesitan avanzar más rápido. Y, por otro lado, el reto social: la desigualdad. Ya sea por salud, brecha digital, acceso a vivienda, alimentos, energía y educación financiera o bienestar mental, los indicadores no son buenos. Estamos viendo un aumento de problemas estructurales que requieren una respuesta urgente. ¿Tenemos razones para ser optimistas? Sí, absolutamente. Las soluciones están sobre la mesa y las innovaciones se están produciendo. A pesar del ruido, hay miles de empresas trabajando en serio por avanzar. A veces confundimos la posición de un gobierno con la de un país entero, pero hay ciudades, estados, compañías que siguen empujando. Es cierto que puede haber momentos de ralentización, pero también es necesario hacer una pausa para digerir los avances y pasar al siguiente nivel. Como en cualquier ciclo económico, tras una recesión viene el crecimiento. Lo vivimos tras la crisis financiera, cuando la RSE evolucionó hacia un movimiento más estratégico. Quizá ahora estemos cerrando un ciclo y abriendo otro. Nosotros lo vemos con optimismo, pero con urgencia. Positivo, sí. Pero urgente. ¿Qué tendencias emergentes marcarán la sostenibilidad empresarial en los próximos cinco años? Vamos hacia una sostenibilidad muy práctica, vinculada a resultados tangibles: productos y servicios que mejoren la vida de las personas y generen retorno económico. Los entornos regulatorios estables serán clave para atraer inversión. Nos jugamos mucho en convertirnos en un país atractivo para la inversión sostenible. La tecnología será fundamental, pero también la capacidad de formar rápidamente a las personas para adaptarse a nuevos procesos y usos. Y, por supuesto, una gobernanza clara, transparente, que elimine la corrupción y marque una ruta creíble. Sin eso, ni países ni empresas pueden avanzar. La conversación con Germán Granda deja claro que la sostenibilidad empresarial ya no es una opción, sino una exigencia estructural. En el mundo actual, las empresas están llamadas a liderar una transformación que no solo genere valor económico, sino también impacto positivo en las personas y el planeta. Granda no esquiva los retos: la velocidad del cambio, la complejidad regulatoria, la necesidad de coherencia interna y la gestión de riesgos físicos son desafíos reales. Pero también reivindica el optimismo como motor de acción. Las soluciones existen, la innovación avanza, y el compromiso —si es auténtico— puede marcar la diferencia. La sostenibilidad, nos recuerda, no se construye desde la ideología, sino desde la evidencia, la colaboración y la visión a largo plazo. Y en ese camino, Forética sigue siendo un actor clave: conectando sectores, anticipando tendencias y ayudando a que las empresas no solo se adapten, sino que lideren ◆ La Inteligencia Artificial no viene a sustituir, sino a ampliar nuestras capacidades
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