COMPROMISO RSE_75

26 ¿Cómo se puede hacer atractiva esa integración para que las empresas se impliquen de verdad? Para que las empresas se impliquen de verdad, hay que mostrar que la sostenibilidad es una respuesta estratégica al mercado. Las grandes ya lideran el cambio, y las pymes pueden integrarse y beneficiarse. Pero quien no entienda el momento, se quedará atrás. Por eso es clave el esfuerzo didáctico y una regulación adaptada a los tiempos y capacidades de cada empresa. Si tuviera que describir Forética en términos de ODS, ¿serían el 4 y el 17? ¿Cuánto hay de pedagogía y cuánto de alianzas? Es una buena aproximación. Aunque también podríamos sumar el ODS 9, porque trabajamos con muchos sectores. Pero sí, Forética tiene una vocación clara de generar alianzas y de impulsar el conocimiento. ODS 4 y 17 nos definen bien, aunque también el 9, por nuestro trabajo multisectorial. En Forética impulsamos alianzas y conocimiento, pero más que hacer pedagogía, ayudamos a las empresas a anticiparse, identificar buenas prácticas y conectar con los valores que marcarán el futuro. Las organizaciones que nos acompañan ya tienen un discurso sólido; nuestro rol es acompañarlas en la aceleración. ¿Y cómo se acompaña esa transformación desde dentro de las empresas? Acompañar el cambio desde dentro implica generar capacidades internas, transformar estrategias, anticipar regulación y entender el contexto geopolítico. Todo eso exige muchas conversaciones: las empresas quieren tomar decisiones acertadas para posicionarse bien en el futuro. Por eso es clave una comprensión compartida con la administración, que nos permita avanzar juntos. ¿La Inteligencia Artificial puede ayudar a anticipar esa regulación o es aún demasiado incipiente? La Inteligencia Artificial ya está generando soluciones sostenibles: anticipa riesgos climáticos, identifica materiales responsables, optimiza procesos… El impacto ambiental positivo es evidente. Pero el reto está en asegurar también un impacto social justo: anticipar efectos sobre el empleo, evitar sesgos y garantizar que nadie se quede atrás. Para eso, es clave trabajar la gobernanza de la IA. ¿Cómo están aterrizando su manifiesto sobre IA responsable? ¿Con quién lo están desarrollando? Nuestro manifiesto sobre IA responsable lo estamos desarrollando con una comunidad muy activa: socios tecnológicos que plantean retos y empresas de sectores diversos que comparten preocupaciones sobre datos, impacto ambiental y consumo energético. Hemos creado una comunidad práctica para contrastar casos de uso y aprender entre sectores. Porque muchas veces, la mejor solución no está en tu sector, sino en otro. Y todo esto lo hacemos conectados con el trabajo global. ¿Estamos preparados para el ritmo al que avanza la Inteligencia Artificial? Es una pregunta muy pertinente. El ritmo de avance de la Inteligencia Artificial es vertiginoso, y a veces sentimos que nos supera. Pero desde el inicio se pueden incorporar criterios de sostenibilidad: ya hay centros de datos que funcionan con energía renovable y aplican eficiencia. Como dice nuestro presidente, Alberto Coronado, la IA puede ser una herramienta para avanzar, si se usa con propósito. ¿Cómo evitar que la IA genere más problemas de los que resuelve? El riesgo de que la IA genere más problemas que soluciones es real, como ocurrió con otros avances tecnológicos. Por eso hay que anticipar impactos, marcar límites y abrir conversaciones honestas. El consumo de agua y energía, los efectos sobre el empleo, los sesgos y los derechos digitales deben abordarse desde el principio. La clave está en trabajar desde ya en soluciones responsables. En su informe ESG 2025 se habla de “cronificación de riesgos físicos”. ¿Cómo se adaptan las empresas ante esta realidad? Es una realidad que ya está afectando a la economía. Los incendios, las inundaciones, los fenómenos extremos están teniendo un impacto directo en el PIB, en las cadenas de suministro, en la producción. Las aseguradoras ya registran en algunos mercados incrementos superiores al 15 % en costes asociados a estos riesgos. Las empresas deben adaptarse: revisar su modelo energético, repensar sus proveedores, apostar por soluciones locales que generen empleo y reduzcan emisiones. Las compañías con vocación de permanencia están buscando cómo anticiparse, porque saben que el retorno inmediato no puede ser el único criterio. La sostenibilidad es también resiliencia. ¿Destacaría avances reales en integración de biodiversidad y economía circular en las estrategias corporativas? Sí, absolutamente. Hay sectores que han evolucionado mucho, aunque todavía hay retos. La regulación europea está poniendo el foco en áreas como el desperdicio alimentario, el textil, los envases, los electrodomésticos y productos tecnológicos, los minerales críticos… Hemos visto avances, pero la magnitud del reto es enorme. Hoy la circularidad global está en torno al 7 %, lo que significa que el 93 % de los materiales se pierden como residuos, ya sea en vertederos, incineración o emisiones. Pero hace 20 años estábamos casi en cero. Avanzamos muy lentamente por el buen camino, aunque el compromiso debe ser acelerar. ¿Qué papel juegan los grandes acuerdos internacionales en ese avance? Son fundamentales. El Acuerdo de París, por ejemplo, aunque no haya logrado aún limitar el calentamiento a 1,5 ºC, ha evitado escenarios mucho peores. Sin París, estaríamos camino de los 4 o 5 ºC. También el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, con su objetivo de proteger el 30 % de la naturaleza y la restauración del 30 % de los ecosistemas degradados, marca una dirección clara. Estos acuerdos son faros que nos orientan, aunque el ritmo de avance aún no sea suficiente. Hay retos, sí, pero también oportunidades si sabemos gestionarlas con visión y compromiso. El reto no es transformarse, sino hacerlo a la velocidad adecuada

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