Compromiso RSE 48 · Diciembre 2019

60 de posibles desviaciones para activar las correc- ciones adecuadas y cumplir con sus objetivos de sostenibilidad. Siempre se ha defendido la voluntariedad de la RSC, pero la ley actúa como impulsora. ¿Es una contradicción? Yo era un firme defensor de la voluntariedad, pero me he dado cuenta de que la ley ha impul- sado a muchas empresas hacia la RSC. Al final, tiene que haber un equilibrio entre el palo y la zanahoria. El problema es que hay empresas que confunden la RSC con vender más. La RSC es una estrategia que puede influir en la reputación de la empresa y, en consecuencia, en sus ventas a largo plazo. Así pues, si una empresa quiere ven- der más a corto plazo es más efectivo que realice una campaña de marketing o de publicidad. Las empresas quieren ser sostenibles, pero a su vez basan su sostenibilidad en el crecimiento constante… Ese es el error, pensar solo en el crecimiento es ser miope. En mi vida, mi objetivo no es ganar cada día más dinero, sino ser feliz, hacer depor- te, ir a exposiciones de cómics, leer tebeos… Mi vida no solo es trabajar y ganar dinero. Entonces, ¿por qué las empresas tienen que ser distintas si son ciudadanos corporativos? Pero claro, las noti- cias hablan del PIB, de la creación de empleo, de los tipos de interés… Hoy, las empresas tienen que gestionar su impacto y el valor añadido que generan, con independencia de quién se apropia de ese valor. Esto es la serendipia y cuanto más impacto generes la serendipia, al final, repercutirá en ti. Entonces, ¿tenemos que buscar un indicador al- ternativo al PIB? Totalmente. Por ejemplo, el impacto general. En Sabiñánigo, un pueblo de Huesca, se ins- taló una empresa. Todo el mundo estaba encantado porque solo veía creación de empleo y el pago de impuestos, pero ¿qué pasó? La empresa contaminó todos los ríos con lindano. ¡Claro! Medimos a la em- presa en función de su beneficio económi- co, pero el impacto de la contaminación ha sido negativo y todo lo que la administración pública ha tenido que invertir en descontami- nación ha sido superior al impacto en salarios, impuestos, etc. Al final, el resultado de la suma es negativo. Otro ejemplo. Imaginemos que tengo una empresa que genera dos millones de euros de beneficios al año y en la que trabajo yo solo, y al lado hay otra con el mismo beneficio, pero que da trabajo a 20 personas. El impacto de cada em- presa es distinto, pero fiscalmente pagaremos lo mismo. ¡Es injusto! Esta tiene que ser la variable clave en la que todos nos tenemos que enfocar: el impacto. ¿Cómo podemos enfocarnos en el impacto? Es una labor de todos. La legislación puede ayu- dar, pero no solo hay que medir los impuestos sobre beneficios, sino también la aportación a la Seguridad Social, la inversión en proveedores… Y no solo tenemos que medir el impacto econó- mico, sino también el impacto emocional, porque no es lo mismo trabajar en una empresa que en otra. Por ejemplo, si te alineas con los valores de la empresa, si tienes flexibilidad o puedes conciliar, trabajarás más a gusto. Usted participó en el lanzamiento del primer fondo ISR de España, en 1999. ¿Cómo ha evolu- cionado el sector? A raíz del lanzamiento del primer fondo de In- versión Socialmente Responsable de Renta 4, en 1999, la patronal de fondos de inversión IN- VERCO publicó su primera circular sobre ISR. En 2014, la actualizó para discernir si un fondo es solidario, es decir, aquel que dona parte de los gastos de gestión; es temático, por ejemplo que invierte en agua o en energías renovables; o es un fondo RSC, que justifica que los criterios de toma de decisión son financieros y no financieros. Aho- ra los criterios están claros, pero la ISR depende de la calidad. Es cuestión de ir progresando en la calidad igual que en la RSC. Según Spainsif los activos gestionados es Espa- ña superaron en 2018 los 210.000 millones de euros, pero ¿de qué calidad estamos hablando? Cuando Spainsif habla de este volumen, funda- mentalmente, se refiere a la inversión en planes de pensiones de empleados. El problema son los fondos minoristas, donde no hay tanta oferta dis- ponible, aunque las entidades financieras están empezando a trabajar en ello. La clave está en que los gestores, cuando tomen sus decisiones de inversión, no solo se fijen en cuestiones financie- ras sino también extrafinancieras. ¿Cree que la ISR se va a convertir en una palan- ca para impulsar la RSC y la sostenibilidad? Al final, la principal fuente de información de los gestores de fondos es la memoria de RSC y cuan- ta más calidad de información exista, los inverso- res van a considerar a una empresa como objeto de inversión. Es decir, si una memoria de RSC es floja decidirán no invertir y, por tanto, no subi- rá la cotización del valor. Se trata de la profecía autocumplida: si eres muy responsable, o por lo menos muy transparente, los inversores podrán decidir si te compran o no, pero si no eres trans- parente ni siquiera entrarás en las opciones y no te van a premiar con su dinero. Es un camino que no tiene marcha atrás n Las empresas tienen que gestionar su impacto y el valor añadido que generan, con independencia de quién se apropia de ese valor

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