Entrevista 67 vinculados a cambios demográficos, tecnológicos y sociales. En este contexto, acabáis de anunciar la Alianza Intergeneracional. ¿Qué oportunidades y tensiones identifica hoy en este ámbito? El reto demográfico es una transformación silenciosa, pero de una magnitud enorme y todavía poco percibida. Estamos viviendo una convivencia inédita de seis generaciones distintas dentro de una misma sociedad, de una misma infraestructura y también dentro de las empresas. Cada generación tiene formas distintas de relacionarse con el trabajo, con la tecnología, con el consumo o con el bienestar. Y eso está empezando a crear tensiones muy relevantes también dentro de las empresas, vinculadas al talento, al acceso a oportunidades, al patrimonio o incluso al estrés tecnológico. Lo que detectamos es que, en demasiadas ocasiones, estos retos se abordan de forma aislada, generando confrontación entre generaciones en lugar de buscar soluciones compartidas. ¿Y qué papel pueden jugar las empresas para convertir esas tensiones en una oportunidad de colaboración y transformación social? Precisamente de esa reflexión nace la Alianza Intergeneracional: de la necesidad de entender mejor cómo afectan estos cambios a la sociedad, a las empresas y a la convivencia entre generaciones, y cómo podemos abordarlos desde una lógica de colaboración y oportunidad compartida. Hemos identificado 13 grandes desafíos relacionados con talento, comunidad, consumo, tecnología o bienestar. Y lo que queremos es entender cómo percibe cada generación esos retos y qué oportunidades pueden construirse de forma conjunta. La clave está en dejar de abordar estos desafíos desde la confrontación y empezar a construir oportunidades y soluciones compartidas entre generaciones, empresas y administraciones. La inteligencia artificial está empezando a tener un impacto directo en el empleo y en la gestión del talento. ¿Qué retos y oportunidades plantea desde el punto de vista social? Nosotros estamos claramente a favor del desarrollo tecnológico y de la inteligencia artificial. Creemos que tiene un enorme potencial positivo, pero también que exige decisiones responsables. La tecnología no puede decidir cómo queremos vivir o relacionarnos. Hay determinadas decisiones que deben seguir estando en manos de las personas y la sociedad que queremos consolidar no puede delegarse completamente en la tecnología. Por eso ponemos el foco en cuestiones como los derechos digitales, los sesgos, la automatización o el impacto en el empleo. Queremos trabajar con las empresas para identificar qué decisiones no deben delegarse completamente en la inteligencia artificial y cómo garantizar que esta transformación genere valor social y no nuevas vulnerabilidades. Además, la inteligencia artificial también está muy conectada con la brecha intergeneracional y con el estrés tecnológico que viven muchas personas. ¿Dónde están hoy los mayores retos para extender el impacto social a toda la cadena de valor, especialmente en materia de derechos humanos? Europa tiene estándares muy avanzados en esta materia, pero el gran reto sigue siendo la existencia de distintas velocidades a nivel global. Muchas empresas españolas están trabajando muy seriamente en derechos humanos y sostenibilidad dentro de su cadena de valor, incluso más allá de lo estrictamente exigido por la regulación. Porque ya no se trata solo de lo que ocurre dentro de la empresa, sino también de cómo actúan todos los actores vinculados a ella. Si estos compromisos no se integran en toda la cadena de valor, las empresas acabarán enfrentándose no solo a riesgos regulatorios, sino también al rechazo de clientes, ciudadanos y comunidades. ¿Qué grandes retos sociales cree que las empresas todavía no están viendo y que serán clave en los próximos años? Estamos trabajando mucho en transición justa, en licencia social para operar y en cómo conectar sostenibilidad ambiental y personas. También vemos un cambio enorme en la relación entre empresa y empleado. Las nuevas generaciones plantean demandas muy distintas relacionadas con bienestar, propósito, salud mental, empleabilidad o participación. Además, nos preocupa especialmente el aumento de las desigualdades y las nuevas vulnerabilidades derivadas de la inteligencia artificial y de la transformación tecnológica. Tenemos que ser capaces de anticipar esos cambios y construir modelos empresariales que respondan a ellos sin dejar a nadie atrás. En el contexto europeo actual, ¿qué tendría que cambiar para que la “S” se consolide como un eje estratégico real en las empresas? Una empresa no puede ser competitiva ni crecer en una sociedad empobrecida. Si no incorporamos el impacto social en las decisiones empresariales, acabaremos perdiendo talento, clientes y cohesión social. Y eso terminará afectando también a la competitividad. La regulación ha servido para llevar esta conversación a los consejos de administración, pero todavía necesitamos avanzar hacia una visión más orientada al medio y largo plazo. La sostenibilidad social no puede abordarse solo desde el cumplimiento. Tiene que formar parte de la manera en la que entendemos el futuro de la empresa y de la sociedad ◆ Hemos identificado 13 grandes desafíos relacionados con talento, comunidad, consumo, tecnología o bienestar
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