66 truir organizaciones más sólidas y preparadas para el futuro. Eso ha hecho que muchas dejen de abordarla únicamente desde la reputación para empezar a integrarla realmente en su estrategia. Integrar la dimensión social implica entender cómo afectan las decisiones de negocio a empleados, clientes, proveedores y comunidades. Ese enfoque se ha ido asentando con el tiempo, aunque todavía queda mucho recorrido por delante. El gran reto sigue siendo la transformación cultural. Igual que ocurre con la digitalización o con la inteligencia artificial, no basta con incorporar herramientas o “poner un ordenador encima de la mesa”. El verdadero cambio consiste en transformar la manera de trabajar, de pensar y de tomar decisiones dentro de la empresa. Y eso requiere tiempo. En la XI edición del Informe SERES-Deloitte sobre el impacto social de las empresas se pone el foco en la medición y contribución real al entorno. ¿Qué indicadores son hoy clave para demostrar que una empresa está generando impacto social tangible? El informe que elaboramos con Deloitte desde hace más de una década nos muestra hacia dónde va el compromiso social de las empresas. En la última edición, la inclusión y la diversidad se consolidan como pilares de la estrategia corporativa. Nos obsesiona medir cómo impacta lo social, y por eso hemos desarrollado el Hub SERES de Huella Social, que recientemente presentamos en el Congreso de los Diputados. Buscamos responder a una pregunta clave: cómo genera impacto social una empresa desde su propia actividad, teniendo en cuenta que ese impacto depende del sector y del territorio en el que opera cada compañía. Hemos desarrollado una metodología homogénea, pero adaptada a cada sector, y además hemos reducido enormemente el número de indicadores porque creemos que el exceso de reporting dificulta la gestión y la comunicación. Trabajamos con indicadores vinculados a empleados, proveedores, clientes y comunidad. Y hemos incorporado un sistema de comparación sectorial y territorial con indicadores proxy, que permite comparar datos de forma contextualizada. Más allá de la medición, ¿qué están haciendo mejor las empresas que realmente integran ese impacto en su modelo de negocio? Las empresas que integran el impacto social en su estrategia generan valor en dos direcciones: aumentan su impacto positivo y fortalecen su propio negocio. Desde SERES defendemos que esto es fundamental. Si el impacto social no forma parte de la estrategia, difícilmente resistirá momentos de incertidumbre. Cuando se incorpora realmente al modelo de negocio, pasa a formar parte de la identidad y de la visión de futuro de la empresa. Muchas de estas decisiones no tienen un retorno inmediato, pero ayudan a construir compañías más sólidas y mejor preparadas para el futuro. Además, cuanto más integrado está el impacto social en la actividad principal de la empresa, mayor es el impacto que genera. Una empresa debe aportar desde aquello que mejor sabe hacer. ¿Qué evidencias tenéis de que la integración de la “S” genera valor tangible para las compañías? Trabajamos continuamente con casos reales y mejores prácticas. De hecho, nuestros premios anuales reconocen proyectos donde existe una integración clara entre impacto económico e impacto social. Lo que vemos es que las empresas que trabajan desde esta lógica mejoran en innovación, reputación, competitividad y capacidad de adaptación. Además, muchas soluciones desarrolladas inicialmente para colectivos vulnerables terminan impulsando innovaciones que después benefician al conjunto de la sociedad. La clave está en entender que esto no es únicamente un gasto o una acción reputacional. Es una inversión a medio y largo plazo que fortalece el negocio y permite responder mejor a las necesidades reales de las personas. ¿Qué barreras siguen frenando a las organizaciones a la hora de incorporar el impacto social como un eje estratégico? La principal barrera es que la implementación no es sencilla. Las pequeñas empresas suelen tener menos recursos y menos capacidad para dedicar equipos a estas cuestiones. Y las grandes tienen que transformar estructuras muy complejas. Además, seguimos midiendo a las empresas principalmente por sus resultados financieros y por el corto plazo, cuando este tipo de transformación exige una visión más amplia y de largo recorrido. Muchas compañías en algunas ocasiones se esfuerzan en lanzar proyectos y hacerlo con rapidez, pero el verdadero cambio no consiste en acumular iniciativas. Se trata de transformar la cultura de la organización y conseguir que todas las áreas incorporen esta mirada, y eso requiere tiempo y un proceso progresivo de transformación. En los últimos años, la agenda social ha incorporado retos cada vez más complejos, Vivimos una convivencia inédita de hasta 6 generaciones distintas dentro de las empresas
RkJQdWJsaXNoZXIy ODY5Mw==