España, en el mapa del diamante tecnológico La apuesta española de Diamond Foundry ya no puede leerse solo como una decisión de ubicación industrial. La planta de Trujillo sitúa a España en una cadena de valor emergente: la de los materiales avanzados para semiconductores. Si el diamante sintético logra consolidarse como sustrato para chips de alto rendimiento, Extremadura no será solo el lugar donde se fabrican diamantes de laboratorio, sino uno de los territorios desde los que Europa intenta reforzar su autonomía tecnológica. El volumen de inversión confirma ese cambio de escala: 2.350 millones de euros para ampliar la planta de Trujillo, con 1.600 millones previstos por Diamond Foundry hasta 2029 y 753 millones aportados por la SETT, con apoyo del PERTE Chip. Ya no hablamos únicamente de joyería sostenible, sino de una apuesta industrial vinculada a tecnologías estratégicas para España y Europa. La paradoja es poderosa: una empresa que se hizo conocida por cuestionar el origen del lujo podría terminar siendo relevante por otro motivo muy distinto. Si su apuesta prospera, el diamante sintético dejará de ser solo una alternativa ética a la minería para convertirse en parte de la infraestructura invisible de la economía digital. España no aparece en esta historia solo como ubicación industrial. Aparece como ventaja competitiva. Diamond Foundry y España: por qué Trujillo importa ◆ Energía renovable: Una industria electrointensiva necesita electricidad competitiva y trazable. La expansión española de Diamond Foundry se apoya en suministro renovable. ◆ Trazabilidad: La garantía de origen y la certificación energética son claves para sostener la promesa ambiental del diamante creado en laboratorio. ◆ Industria verde: El proyecto combina fabricación avanzada, energía limpia y apoyo institucional, tres ejes de la nueva política industrial europea. ◆ Escala tecnológica: La expansión hacia sustratos de diamante para semiconductores sitúa a la compañía mucho más allá de la joyería. ◆ Territorio: Extremadura aparece como ejemplo de reindustrialización sostenible ligada a energía, suelo, inversión y empleo cualificado. Diamond Foundry nació con una promesa dirigida al lujo: crear diamantes sin mina. Pero su futuro parece escribirse en otro territorio: el de los materiales estratégicos para la economía digital. Si esa apuesta prospera, el diamante dejará de ser solo una piedra preciosa. Y España habrá entrado, desde Trujillo, en una de las conversaciones industriales más relevantes de la próxima década ◆ Las cifras de la apuesta española 30 GWh anuales: Suministro renovable estimado para la planta de Trujillo. 675 millones de euros: Inversión del proyecto inicial en Extremadura. 2.350 millones de euros: Inversión conjunta anunciada para ampliar la planta. De ‘Blood Diamond’ a Diamond Foundry. Leonardo DiCaprio no es solo un nombre conocido en el accionariado de Diamond Foundry. Su presencia aporta una lectura simbólica muy potente: el actor protagonizó Blood Diamond, la película que instaló en el imaginario popular el drama de los diamantes de conflicto, y años después apoyó una empresa que prometía reducir el coste humano y ambiental de la industria cultivando diamantes en laboratorio. Esa conexión resume un cambio de época: conservar el deseo, pero cuestionar el origen; mantener el brillo, pero transformar el proceso. Sin embargo, el relato ha seguido evolucionando. Hoy, la historia más decisiva de Diamond Foundry quizá ya no esté solo en la joyería sostenible, sino en el diamante como material estratégico para chips, IA, centros de datos y nueva industria tecnológica. Del cine a la inversión de impacto, y del lujo al semiconductor. 59 Especial Por Pablo Fernández
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