Compromiso RSE_77

Entrevista 23 vas tendencias de consumo sin renunciar a la calidad, la seguridad alimentaria o la accesibilidad. Más allá del producto, el otro gran reto está en la cadena de suministro. ¿Cómo trabajáis la adaptación al cambio climático tanto dentro de vuestras operaciones como junto a agricultores y socios locales? Lo abordamos en los dos planos: dentro y fuera de nuestras operaciones. Internamente trabajamos en renovables, uso eficiente del agua, circularidad, reciclabilidad de envases, reducción del desperdicio y valorización de residuos. En 2025 destinamos 7,2 millones de euros a gasto e inversión medioambiental, contamos con 15 instalaciones fotovoltaicas, valorizamos el 75% de los residuos y el 78% de los envases ya son reciclables. Pero lo esencial está fuera de nuestro perímetro directo, especialmente en el campo. Trabajamos con agricultores y socios locales en programas adaptados a cada zona para mejorar la gestión del agua, reducir emisiones, optimizar fertilizantes, aumentar rendimientos y proteger la biodiversidad. Hemos destinado 2,1 millones de euros en el último año a agricultura sostenible y contamos actualmente con 15 programas de cultivo sostenible. En India, por ejemplo, nuestras filiales Tilda y Ebro India desarrollan junto a la Fundación Ebro el programa Tilda Responsible Growing, una iniciativa de agricultura sostenible para el cultivo de arroz basmati. Entre las prácticas impulsadas por el programa se encuentra el Alternate Wetting & Drying (AWD), un sistema de riego intermitente que contribuye a reducir el consumo de agua y las emisiones asociadas al cultivo. Actualmente el programa cuenta con 3.840 agricultores participantes y abarca 15.314 hectáreas de cultivo. Entre 2023 y 2025 ha evitado más de 23 millones de kg de CO₂e, ahorrado cerca de 40.000 millones de litros de agua de riego y contribuido a aumentar en un 7,5% los ingresos medios anuales de los agricultores participantes. También en las marismas del Guadalquivir, a través del proyecto Oryzonte, hemos aplicado técnicas de AWD y logrado una reducción del 23% de emisiones. El reto es identificar prácticas comunes y escalables en distintas geografías. En cadenas agrícolas globales, la confianza ya no depende solo del producto final, sino de poder demostrar qué hay detrás. ¿Qué papel tienen la trazabilidad y la debida diligencia en esa construcción de confianza? Tienen un papel clave. Hoy la confianza no se construye solo con declaraciones, sino con evidencias. En una cadena global como la nuestra, con aprovisionamiento en muchos países, los grupos de interés quieren saber de dónde viene la materia prima, cómo se ha producido, qué controles de calidad y seguridad alimentaria ha superado y qué garantías existen sobre las personas que participan en ella. También hay que entender que algunos orígenes son imprescindibles. Si vendemos arroz basmati o jazmín, tenemos que comprarlo en India o países del sudeste asiático, porque es donde se cultivan. La cuestión no es penalizar el origen, sino demostrar cómo trabajas allí. La trazabilidad nos permite responder con claridad, y la debida diligencia aporta una mirada más profunda: ayuda a identificar riesgos, priorizar, dialogar con proveedores y socios locales, resolver problemas y establecer mecanismos de reparación cuando se detecta algo incorrecto. La confianza también pasa por la transparencia: nadie es perfecto, pero hay que demostrar que conoces tu cadena y trabajas para garantizar, en la medida de tus posibilidades, lo que hay detrás de cada producto. Esa necesidad de demostrar qué hay detrás conecta también con la regulación. La sostenibilidad exige más transparencia, pero también está aumentando mucho la carga de reporte. ¿Dónde está el equilibrio entre medir mejor y no convertirla en un ejercicio burocrático? La regulación es positiva. En su justa medida ayuda a impulsar, ordenar y establecer marcos comunes. Pero, si se sobredimensiona, puede asfixiar. Nosotros llevamos muchos años haciendo informes de sostenibilidad y, aun así, adaptarnos a los nuevos marcos ha exigido un enorme esfuerzo en tiempo, recursos humanos y recursos económicos. Y los recursos son finitos: si dedicas demasiada energía a reportar, puedes dejar de dedicarla a proyectos de transformación, a trabajar con proveedores o a generar impacto real. Por eso la simplificación me parece necesaria. El riesgo es convertir la sostenibilidad en un ejercicio excesivamente burocrático, especialmente para empresas pequeñas. La transparencia es fundamental, pero el reporte tiene que servir para transformar, no para consumir la mayor parte de los recursos disponibles. Mirando al conjunto del sector alimentario, ¿qué debería cambiar para que esas exigencias no avancen solo en las grandes compañías, sino también entre agricultores, cooperativas, pymes y pequeños proveedores? Hacen falta formación, colaboración y acompañamiento. El sector agroalimentario está muy atomizado, con muchas pymes, cooperativas, agricultores individuales y pequeños proveedores, y la sostenibilidad solo avanzará si llega también a quienes tienen menos capacidad de respuesta. Para eso necesitamos espacios donde compartir conocimiento, herramientas útiles y proporcionales a su realidad, un lenguaje más sencillo y una administración que facilite esa transformación. También hay que simplificar: existe demasiada carga burocrática y muchas exigencias que pequeños agricultores o proveedores no siempre pueden gestionar. Hacen falta incentivos, digitalización, formación y acompañamiento real. Además, hay que proteger mejor al sector agrario. En ámbitos como el arroz, la falta de apoyo y la entrada de importaciones a precios muy bajos pueden presionar a la baja el valor del sector y desincentivar a quienes producen aquí. Cuando al agricultor le explicas que determinadas prácticas pueden reducir fertilizantes, mejorar rendimientos, aumentar ingresos o abrir oportunidades comerciales, se implica. Hoy la agricultura regenerativa, la sostenibilidad y las buenas prácticas ya forman parte de la conversación. El reto es que herramientas, incentivos y conocimiento lleguen a toda la cadena, también a quienes tienen menos recursos para transformar ◆ Dedicar demasiada energía a reportar puede dejar poca energía para transformar

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