18 industria intensiva, el transporte marítimo, aéreo o el pesado por carretera. ¿Qué ocurre cuando sostenibilidad, estrategia y dirección financiera pasan a decidir desde el mismo núcleo? La sostenibilidad se ha incorporado en toda la toma de decisiones y forma parte de nuestro ADN. El cambio fundamental está en cómo asignamos capital. Antes el foco estaba en optimizar la rentabilidad. Hoy, además del retorno, analizamos cómo juega cada inversión en el posicionamiento estratégico de Moeve. La rentabilidad sigue siendo imprescindible, pero introducimos variables como sostenibilidad, KPIs ESG, evolución regulatoria, resiliencia de los activos o madurez tecnológica. Hay proyectos atractivos en términos financieros, pero que quizá no tienen tanto sentido estratégico, y otros que son clave porque construyen la base del negocio que queremos ser a futuro. En el fondo, pasamos de optimizar el presente a diseñar un futuro. ¿Cómo se convierte una transformación de esta escala en una hoja de ruta financieramente sólida? Nosotros estamos en un sector intensivo en capital y con horizontes largos. Son inversiones que acometes y que llevan varios años. Por eso la clave no es solo decidir en qué invertir, sino también cuándo, cómo y en qué secuencia. La asignación de capital tiene que ser selectiva y cada inversión debe reforzar la siguiente sin tensionar el balance. En Moeve estamos dedicando mucho esfuerzo a decidir no solo en qué invertimos, sino cuándo. La secuencia es clave y hay inversiones que están abriendo el camino hacia otras. El Valle Andaluz del Hidrógeno Verde simboliza buena parte de esa transformación. ¿En qué punto real se encuentra hoy? Próximamente vamos a iniciar la construcción de la primera fase, Onuba, junto a nuestro parque energético de la Rábida, en Huelva. Contará con una capacidad de 300 megavatios, con una opción de ampliación de otros 100 megavatios adicionales. Es un proyecto que va a suponer una inversión bruta de en torno a 1.000 millones de euros y que generará cerca de 10.000 empleos. Esta capacidad de electrólisis de 300 megavatios podrá producir unas 45.000 toneladas de hidrógeno verde al año, lo que evita unas 250.000 toneladas de CO2, equivalente a todas las emisiones de los turismos de combustión de Huelva, Cádiz y Jaén. Es un proyecto estratégico a nivel europeo, reconocido como Proyecto de Interés Común por la Unión Europea, con una subvención de 304 millones a través del PERTE del Gobierno de España, financiado con fondos Next Generation, y también incluido por la Junta de Andalucía dentro de su unidad aceleradora de proyectos. Más allá de la inversión, ¿qué exige transformar una infraestructura energética tradicional en una nueva plataforma industrial? Supone pasar de operar activos tradicionales con los que llevamos casi 100 años a integrar nuevas cadenas de valor, tecnologías emergentes, nuevas materias primas y mayor interconexión entre procesos. Esto exige rediseñar cómo producimos, cómo gestionamos la energía y también cómo trabajamos. También tiene un impacto muy relevante a nivel organizativo. Estamos incorporando nuevas capacidades tecnológicas, operativas y comerciales que nos obligan a integrar equipos y trabajar de forma mucho más transversal. Al final estamos transformando no solo nuestros activos, sino también cómo operamos como compañía. ¿Hasta qué punto una transformación industrial como esta depende también del respaldo institucional y de la regulación? Este proyecto, y un poco la estrategia que estamos abordando, va a permitir también a España ser un vector y un polo de atracción industrial, de inversión, de crecimiento, de generación de empleo. En definitiva, es un proyecto de país. En un contexto, además, de necesidad de independencia energética de Europa y de España que, si cabe, a día de hoy es todavía más relevante. Para escalar los proyectos de hidrógeno lo que necesitamos es electricidad renovable competitiva y en España la verdad es que somos privilegiados ya que tenemos un sector que hace más de 25 años empezaba a desarrollarse y ahora es también uno de los líderes en Europa. El 55% de las inversiones de Moeve en 2025, más de 1.000 millones de euros, ya se dirige a transición energética
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