Compromiso RSE_76

Un cambio estructural en marcha Este avance de la economía circular no es solo una percepción empresarial, sino que empieza a reflejarse también en análisis sectoriales. ReHubs, en colaboración con Boston Consulting Group (BCG), ha compartido recientemente el informe Advancing textile circularity Europe’s textile waste surge: The case for system-level scale-up, que pone el foco en uno de los ámbitos donde esta transición resulta más urgente. El estudio estima que en 2025 se generaron 15,2 millones de toneladas de residuos textiles en Europa y advierte de que esta cifra podría crecer un 76% de aquí a 2035 si no se producen cambios estructurales. Este incremento responde tanto al aumento del consumo como a la reducción del tiempo de uso de las prendas, y pone de relieve la presión creciente sobre unos sistemas de recogida, clasificación y reciclaje que todavía presentan importantes limitaciones. A ello se suma el hecho de que producir fibra reciclada sigue siendo hasta 2,5 veces más caro que utilizar materia prima virgen, lo que condiciona la viabilidad económica de muchas de estas soluciones. En este escenario, el informe subraya que el reto no reside tanto en la ausencia de iniciativas como en su capacidad de escala. Alcanzar un objetivo de reciclaje del 15% en 2035 exigiría movilizar hasta 11.000 millones de euros en inversiones y avanzar en una coordinación regulatoria mucho más sólida. De lo contrario, el crecimiento de los residuos textiles podría alcanzar un volumen equivalente a llenar cerca de 80 estadios de fútbol cada año, una referencia que ilustra la dimensión del desafío al que se enfrenta el sector. Como explican los expertos, a pesar de los avances, la transición hacia una economía plenamente circular sigue planteando retos relevantes. La necesidad de inversión, el desarrollo tecnológico, la adaptación de las cadenas de suministro o la evolución del marco regulatorio marcarán el ritmo de este proceso en los próximos años. A ello se suma la importancia de avanzar en la coordinación entre los distintos actores implicados, así como en la generación de capacidades industriales que permitan escalar las soluciones ya existentes. En este contexto, la economía circular se configura cada vez más como un elemento que conecta competitividad, sostenibilidad e innovación. No se trata únicamente de reducir impactos, sino de rediseñar el funcionamiento del sistema productivo en su conjunto, incorporando criterios de eficiencia, reutilización y valorización desde el origen. La tendencia, en cualquier caso, es clara. La circularidad ha dejado de ser una línea de trabajo aislada para consolidarse como un cambio estructural en la forma de producir y consumir. Un proceso progresivo, todavía en construcción, pero cada vez más presente en la estrategia de las empresas y en la lógica de los mercados, en el que el residuo empieza a entenderse no como un final, sino como el punto de partida de un nuevo ciclo ◆ “Integramos nuestros subproductos en nuevos procesos para mejorar la eficiencia y avanzar hacia un modelo más circular.” ELPOZO ALIMENTACIÓN “El modelo Residuo Cero opera en más de 330 centros, con el objetivo de valorizar más del 90% de los residuos y minimizar el uso de vertedero.” EL CORTE INGLÉS “Valorizamos 4.000 toneladas anuales de subproductos industriales para generar energía y reducir emisiones.” ENGIE “Revalorizamos el 100% de los posos de café como biocombustible en nuestra planta de Girona, evitando más de 36.000 toneladas de CO₂ al año.” NESTLÉ 46 El diseño condiciona hasta el 80% del impacto ambiental de un producto

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