03/11/2026 07:42:55

¿Qué oportunidades industriales ofrece la energía de fusión?

Fundación Innovación Bankinter y el Donostia International Physics Center (DIPC) reúnen a especialistas y empresas

La energía de fusión abre nuevas oportunidades para la industria a medida que su desarrollo exige avances en ingeniería, materiales, fabricación de componentes e integración de sistemas. Convertir el conocimiento científico en soluciones tecnológicas escalables es uno de los grandes desafíos para avanzar hacia su aplicación comercial, un proceso en el que la colaboración entre centros de investigación y empresas será decisiva.

Este ha sido uno de los ejes de la jornada organizada por la Fundación Innovación Bankinter y el Donostia International Physics Center (DIPC), que ha reunido a profesionales internacionales, empresas y centros tecnológicos para analizar los retos de la fusión y las oportunidades industriales vinculadas a su desarrollo.

El encuentro, celebrado el pasado jueves en la sede del DIPC en Donostia/San Sebastián, ha explorado la conexión entre ciencia, ingeniería e industria para avanzar hacia el despliegue comercial de la fusión. El programa ha abordado el potencial energético y los desafíos tecnológicos y de escalabilidad que condicionan su desarrollo, con especial atención al papel que pueden desempeñar las empresas y los centros tecnológicos del País Vasco.

Una carrera industrial en marcha

La apertura institucional ha corrido a cargo de Ricardo Díez Muiño, director del DIPC, como anfitrión y de Juan Ignacio Pérez Iglesias, consejero de Ciencia, Universidades e Innovación del Gobierno Vasco.

"La fusión es hoy un reto de ingeniería e industria, pero se sostiene sobre décadas de ciencia y sobre personas formadas en ella. Euskadi tiene esa base: centros de investigación, universidades y centros tecnológicos que generan el conocimiento y forman el talento que una cadena de suministro de fusión necesita. El DIPC es una alianza entre instituciones públicas y empresas, uno de cuyos objetivos es que la ciencia tenga su impacto en la sociedad. Por eso esta conversación se celebra en nuestra casa ", ha afirmado Ricardo Díez Muiño, director del Donostia International Physics Center (DIPC).

Mientras que el consejero Juan Ignacio Pérez Iglesias, en su intervención, ha explicado que "durante el último cuarto de siglo y, en especial, la última década, Euskadi ha experimentado un enorme progreso en el sector de industrias de la ciencia, especializado en diseñar y producir dispositivos de alta tecnología y precisión al servicio de infraestructuras científicas. Esos equipamientos se comercializan en todo el mundo. Lo mismo cabe afirmar sobre la provisión de aparatos, sistemas e instalaciones de alta tecnología con fines industriales. Este progreso coloca a nuestra industria en condiciones idóneas para participar en la carrera de la energía de fusión, participación para la que podrá contar con la colaboración de la red vasca de ciencia, tecnología e innovación".

A continuación, Juan Moreno Bau, director general de la Fundación Innovación Bankinter, ha afirmado que "la fusión ha dejado de ser una promesa científica para convertirse en una carrera industrial que se está corriendo ahora. Euskadi tiene lo que compra una empresa de fusión: ingeniería, fabricación de precisión, electrónica de potencia, aeronáutica y empresas que ya se lo venden a ITER y a los desarrolladores privados. Con esta jornada hemos querido poner ese tejido industrial delante de quienes construyen la fusión y mostrar, con el ejemplo alemán, que una región puede organizarse para liderar esa cadena".

Tras ello Moreno Bau ha entrevistado a Sehila González de Vicente, directora global de Energía de Fusión de Clean Air Task Force, y a Itxaso Ariza, CTO de Tokamak Energy.

González de Vicente, con más de veinte años en el sector, entre EUROfusion, el Organismo Internacional de Energía Atómica e IFMIF-DONES, ha explicado que la fusión ha pasado de promesa científica a carrera industrial, con dos modelos: el estadounidense, basado en una inversión privada masiva y no trasladable a Europa, y el europeo, que se construye por regiones y cuyo ejemplo es Alemania, con estrategia nacional, una Baviera volcada en la fusión y un consorcio industrial en torno a ProximaFusion formado sobre todo por empresas ajenas al sector. Ese modelo, ha defendido, es replicable en España a escala regional, en un país que ya está en la liga: ITER, Fusion for Energy, IFMIF-DONES, SMART, WISER. Su mensaje: una máquina de fusión compra mucho de lo que la industria vasca ya sabe fabricar, y el reparto de la cadena de valor se está haciendo ahora.

Itxaso Ariza, bilbaína, ingeniera por la EHU, diecinueve años en Rolls-Royce y desde 2024 primera CTO de Tokamak Energy, ha explicado que la fusión es ya un problema de ingeniería e industrialización: quien construye una máquina tira de cientos de empresas, parte de los componentes tendrán que fabricarse junto a cada planta y el consorcio alemán demuestra que una región puede organizarse. Ha detallado lo que una empresa de fusión exige a un proveedor (tolerancias, vacío, criogenia, trazabilidad, documentación), ha reclamado ingenieros e ingenieras de todas las disciplinas, no solo físicos, y ha cerrado con un aviso: quien se cualifique hoy venderá a todos los proyectos.

Euskadi, en la cadena de suministro de la fusión: contratos, no promesas

La jornada ha contado también con la mesa redonda 'Del laboratorio a la industria', moderada por Erik Fernández Escudero, director general de INEUSTAR, y que ha reunido a Amaia Zarraoa, directora de I+D de IDOM; Juan Lizundia, director de Ingeniería de SENER; Miguel Ángel Carrera, fundador y CEO de AVS, y Ana Díaz de Zugazúa, Mercado Industria y Movilidad de Tecnalia: cuatro organizaciones vascas que ya trabajan para ITER, Fusion for Energy y empresas privadas de fusión.

Desde IDOM han explicado el efecto tractor sobre la industria local de un contrato como la integración de los puertos de diagnóstico de ITER, que dirige desde Bilbao, y por qué se han convertido en socio industrial de la startup Gauss Fusion. SENER ha mostrado cómo capacidades nacidas en sus negocios de ciencia, aeroespacial y termosolar (el inyector de pellets desarrollado con el CIEMAT o la ingeniería para Commonwealth FusionSystems (CFS)) encuentran mercado en la fusión. AVS, pyme de Elgoibar con referencias en ITER, IFMIF-DONES, CERN, ESA y NASA, ha descrito lo que exige este mercado y en qué cambia trabajar para programas públicos o para empresas privadas, una ola que multiplica los clientes. Y Tecnalia ha expuesto el papel de los centros tecnológicos como puerta de entrada, ensayos, cualificación, consorcios, para las empresas que hoy no están en fusión, y lo que el ecosistema vasco tiene y le falta frente a regiones como Baviera.

El mensaje compartido entre todas estas organizaciones: la fusión es ya una realidad industrial, la cadena de suministro se está repartiendo ahora y Euskadi puede liderarla.

La energía de fusión: llevar el Sol a la Tierra

En 2025, el thinktank Future Trends Forum de la Fundación Innovación Bankinter elaboró el informe 'Energía de Fusión: una revolución energética en marcha. Del avance científico al despliegue industrial', que recoge las perspectivas de los expertos sobre el futuro de esta tecnología. Según sus conclusiones, más del 80% de los especialistas prevé que la fusión pueda comenzar a aportar electricidad a la red antes de 2045, mientras que la puesta en marcha de las primeras plantas comerciales se estima para el periodo comprendido entre 2035 y 2045.

La energía de fusión se basa en el proceso que tiene lugar en el interior del Sol, mediante el cual dos núcleos de hidrógeno se unen para dar lugar a uno de helio, liberando una gran cantidad de energía. Para reproducir esta reacción en la Tierra se emplean dos isótopos del hidrógeno: el deuterio, que se obtiene del agua, y el tritio, que se produce a partir del litio. Ambos se someten a temperaturas superiores a los 100 millones de grados hasta alcanzar el estado de plasma, en el que tiene lugar la fusión. Entre sus principales ventajas destacan la ausencia de emisiones de CO₂ y residuos peligrosos, la disponibilidad de sus combustibles y una densidad energética muy superior a la de otras fuentes.

Pese a su enorme potencial, la aplicación de la fusión en la Tierra todavía debe superar importantes desafíos tecnológicos, entre ellos mantener la estabilidad del plasma, desarrollar materiales resistentes a condiciones extremas y garantizar la producción autónoma de tritio. Al mismo tiempo, el sector experimenta un notable impulso industrial y financiero, con más de 10.700 millones de dólares de inversión privada y al menos 53 startups repartidas por distintos países que aspiran a posicionarse en este nuevo mercado energético. Esta evolución refleja el avance de la fusión desde el ámbito de la investigación hacia una nueva etapa de desarrollo industrial, en la que la cooperación entre la comunidad científica, las empresas y las instituciones resultará determinante.

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