Una de sus principales conclusiones es que las empresas podrían estar subestimando hasta 2,7 veces las emisiones de carbono de su cadena de suministro, lo que puede llevarlas a tomar decisiones de compra e inversión basadas en información incompleta y a desaprovechar oportunidades de eficiencia y reducción de costes.
El informe señala que mejorar la fiabilidad de los datos permite identificar dónde se concentran las emisiones, priorizar los proveedores con mayor impacto y orientar los esfuerzos de reducción hacia las iniciativas con mayor potencial. Esta transformación puede contribuir tanto a avanzar en los objetivos climáticos como a mejorar la eficiencia operativa, gestionar riesgos y reforzar la resiliencia de las cadenas de suministro.
Principales conclusiones del informe:
¿Qué implica para las empresas españolas?
Para las empresas españolas integradas en cadenas de valor internacionales, el reto va más allá de cumplir con las exigencias de información climática. Se trata de incorporar criterios de carbono en las decisiones de compra, identificar oportunidades de eficiencia junto a los proveedores y desarrollar cadenas de suministro más competitivas y resilientes.
En este contexto, el papel de los departamentos de Compras resulta fundamental: desde segmentar proveedores según su impacto y capacidad de mejora hasta incorporar criterios de sostenibilidad en la selección, contratación y gestión de las relaciones comerciales.
Como señala Arianna Molino, responsable de sostenibilidad de Kearney en España: "El verdadero valor de medir las emisiones de la cadena de suministro no está en tener un inventario más preciso, sino en saber qué decisiones tomar con esa información. Para las empresas, la oportunidad está en conectar sostenibilidad y compras: identificar dónde se concentra el impacto, trabajar con los proveedores adecuados y convertir la descarbonización en una palanca de eficiencia, innovación y competitividad".