09/03/2026 06:56:18

¿Por qué la autonomía económica es clave para cerrar la brecha y avanzar en la igualdad de género?

La formación y la participación en la toma de decisiones permiten convertir la igualdad legal en igualdad real

Bajo el lema “Derechos. Justicia. Acción. Para TODAS las mujeres y niñas”, el Día Internacional de la Mujer 2026 vuelve a situar el debate en la brecha entre la igualdad reconocida en las leyes y la que se vive en la práctica.

Según el informe Women, Business and the Law 2024 del Banco Mundial, las mujeres cuentan globalmente con el 64% de los derechos legales que tienen los hombres. Además, de acuerdo con ONU Mujeres y la OIT, cerca del 60% del empleo femenino en el mundo se desarrolla en la economía informal, sin protección social ni garantías laborales.

Naciones Unidas estima que 1 de cada 3 mujeres ha sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida, y que ellas dedican el triple de tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

En este contexto, la ONG CODESPA aporta una reflexión clave: la igualdad legal es imprescindible, pero no suficiente si no se traduce en autonomía económica real. La falta de autonomía económica sigue siendo uno de los principales obstáculos para que los derechos se ejerzan plenamente.

“La justicia para las mujeres no solo se escribe en las leyes; se construye cuando una mujer puede generar ingresos estables por sí misma, y participar en la toma de decisiones que afectan a su hogar o comunidad”, señalan desde CODESPA.

Del derecho formal a la capacidad real de decidir

Durante cuatro décadas, CODESPA ha trabajado en 34 países de América Latina, África y Asia apoyando procesos de generación de ingresos y fortalecimiento organizativo. Su enfoque no parte únicamente de la capacitación técnica, sino de un proceso estructurado que combina:

  • Formación técnica y empresarial adaptada al contexto local
  • Acceso a financiación o activos productivos
  • Acompañamiento continuado en terreno
  • Trabajo con líderes comunitarios (mujeres y hombres)
  • Fortalecimiento de la participación femenina en espacios de decisión

Para lograrlo, incorpora un elemento diferencial: el impulso de organizaciones y asociaciones de mujeres que permiten negociar precios, compartir riesgos y reforzar su posición dentro de la comunidad. El objetivo no es solo aumentar ingresos, sino ampliar la capacidad de decisión de las mujeres sobre su economía, su tiempo y su entorno.

Tres procesos de cambio

En el Corredor Seco de Guatemala, una de las regiones más afectadas por la inseguridad alimentaria y el impacto climático, María Elisa fue designada por su comunidad para participar en un proyecto productivo. En las primeras reuniones apenas intervenía.

Durante tres años, participó en formaciones técnicas, en sesiones de gestión y en espacios colectivos donde las mujeres comenzaron a organizarse para comercializar de manera conjunta. Paralelamente, el equipo trabajó con líderes comunitarios para legitimar la presencia femenina en espacios de decisión.

Con ingresos propios y experiencia organizativa, María Elisa pasó a formar parte del comité de desarrollo local. No fue un gesto simbólico: su participación se consolidó al demostrar resultados económicos concretos para su comunidad.

En la provincia de Pacajes, en el altiplano boliviano, Lizeth y Estela Tantacalle aprendieron a tejer desde niñas de la mano de sus abuelas, madres y vecinas. El conocimiento estaba ahí, transmitido generación tras generación. Lo que no tenían era acceso a mercados, una estructura de precios clara ni canales de comercialización.

A través de un proceso de formación empresarial y acompañamiento, profesionalizaron su producción, diversificaron diseños y aprendieron a comercializar por canales digitales. Hoy su marca genera ingresos estables y ha incorporado a otras mujeres del entorno, reduciendo la migración forzada hacia la ciudad.

El cambio no fue solo económico: disponer de ingresos propios les permitió participar en decisiones familiares y comunitarias con mayor autonomía.

Carolina Abigail Siga creció en La Paz ayudando a su familia en la recolección informal de residuos. Años después, tras completar sus estudios universitarios, participó en un programa de fortalecimiento empresarial impulsado por CODESPA.

El acompañamiento incluyó mentoría, planificación financiera y acceso a redes comerciales. Hoy dirige una empresa de turismo responsable que trabaja con comunidades rurales para preservar su cultura y generar ingresos vinculados a ella.

El salto no fue inmediato ni individual: fue el resultado de un proceso estructurado de formación especializada, acompañamiento técnico y acceso a oportunidades.

La clave: ingresos, pero también poder de decisión

Los procesos descritos comparten un elemento común: la generación de ingresos se traduce en mayor capacidad de decisión. Cuando una mujer aporta ingresos estables al hogar, participa en asociaciones, accede a información financiera y negocia directamente con proveedores o clientes, aumenta su influencia en decisiones como la educación de sus hijos, la inversión productiva o su propia participación comunitaria. La experiencia en terreno muestra que el fortalecimiento económico es uno de los factores que más incide en la reducción de situaciones de dependencia estructural.

 

Compartir:
  • linkedin share button