Según el Informe País 2024: AdaptAcción para una Sociedad Resiliente, presentado recientemente por GBCE, el agua es una de las principales urgencias en la adaptación al cambio climático. La sobreexplotación de los acuíferos, las pérdidas en la red de distribución y la falta de planificación a largo plazo agravan la presión sobre el abastecimiento, especialmente en las zonas más vulnerables.
El 40% de las masas de agua superficial y el 45% de las aguas subterráneas en España no cumplen los estándares de calidad establecidos por la Directiva Marco del Agua, lo que refleja problemas de contaminación y degradación ambiental. A esto se suma un almacenamiento insuficiente, que limita la capacidad de respuesta ante sequías y fenómenos climáticos extremos. El informe de GBCE destaca que el cambio climático está intensificando la alternancia entre periodos de sequía prolongados y lluvias torrenciales. Mientras que la escasez de precipitaciones reduce la disponibilidad del recurso y afecta a sectores clave como la agricultura, el turismo y la industria, las lluvias intensas generan problemas por la falta de infraestructuras adecuadas para su captación y almacenamiento.
Aunque las precipitaciones recientes han supuesto un alivio temporal, no han revertido la tendencia de descenso en los niveles de los embalses. La ausencia de planificación hídrica y de medidas estructurales ha impedido que España cuente con un sistema de almacenamiento eficiente y adaptado a las variaciones climáticas.
Más allá de la cantidad disponible, el modo en que se gestiona el agua es un factor determinante. Actualmente, un 15% del suministro se pierde en fugas y averías en las redes de distribución, lo que subraya la necesidad de modernizar infraestructuras y mejorar la eficiencia en su captación y uso.
A pesar de que el 59% de la población reconoce la escasez de agua como un problema grave, solo el 22% considera necesario reducir su consumo. Esta falta de concienciación es un obstáculo para la implantación de medidas que fomenten un uso más responsable en hogares, industrias y explotaciones agrícolas, un sector que representa el 70% del consumo total en España.
“El agua es un recurso esencial y utilizarla de manera eficiente es clave para la resiliencia de nuestras ciudades y ecosistemas. Es necesario adoptar un enfoque integral que combine regulación, inversión en infraestructuras y concienciación social”, destaca Dolores Huerta, directora general de GBCE.
En este contexto, garantizar la seguridad del agua en España exige un enfoque integral que combine planificación estratégica, inversión en infraestructuras y una regulación adaptada a las nuevas condiciones climáticas. La optimización del almacenamiento y la gestión de los caudales es clave para mejorar la capacidad de respuesta ante periodos de escasez, asegurando un uso más eficiente del recurso. Además, el desarrollo de tecnologías de reutilización y eficiencia, especialmente en sectores con un alto consumo como la industria y la agricultura, permitiría reducir la presión sobre los acuíferos y embalses. La modernización de las redes de abastecimiento y distribución es otra prioridad, ya que minimizar las pérdidas en las infraestructuras existentes supone una solución inmediata para mejorar la eficiencia del suministro.
Adaptarse a este nuevo escenario es fundamental para consolidar un sistema hídrico más resiliente y asegurar la disponibilidad del agua en el futuro.