Las alianzas corporativas con el tercer sector en general y el caso de WWF y el agua en particular centraron el worskwhop de Quique Segovia, director de Conservación de WWF España, una organización cuyas metas globales para 2030, reveló el propio Segovia, son “cero pérdida de hábitats, cero pérdida de especies y reducir a la mitad la huella de carbono”. Este trabajo de protección y restauración de la naturaleza en beneficio del planeta y de las personas se concreta en algunos resultados como por “que el 30% del planeta esté efectivamente protegido y bien gestionado, que haya 350 millones de hectáreas forestales en restauración, que los bosques, cuentas fluviales y otros paisajes terrestres y marinos tengan usos sostenibles o que todos los países cuenten con políticas de adaptación al cambio climático que aseguren resiliencia socio-económica”, en lo que se refiere a las dos primeras metas, “o que el desperdicio de alimentos se reduzca un 50% per cápita, que las pesqueras insostenibles se reduzcan un 50%, que todos los países fijen metas por debajo de 1,5 ºC y trabajen para tener emisiones cero en 2050 o que el 40% de la producción eléctrica global se obtenga de renovables (sin contar la hidráulica)”, en el marco de buscar reducir la huella ecológica a la mitad.
En su afán por lograr sus metas, WWF se alía con distintas etapas en las diferentes etapas de su viaje de sostenibilidad para favorecer el cambio sistémico que lo haga posible. La alianza se basa en cuatro pilares: repensar los modelos de negocio para un futuro positivo para la naturaleza, “abordando aquellos factores que provocan impactos negativos e implementando prácticas sostenibles alineadas con alguna estrategia de mitigación”; “impulsar la conciencia de empleados y consumidores, así como promover un cambio de comportamiento comunicándose con ellos y ofreciéndoles incentivos”; “construir cadenas de valor que prioricen la naturaleza a través de alianzas público-privadas”, “e invertir para conservar el entorno, así como protegerla a través de trabajos de restauración in situ”.
Se trata de un cambio sistémico en el modelo productivo que concierne a todos los actores implicados, más si cabe si se tienen en cuenta los datos del Informe Planeta Vivo 2024 que el director de Conservación de WWF expuso durante su intervención: que el índice de planeta vivo global se ha reducido un 73% desde 1970 y que el mismo índice pero aplicado a los ecosistemas de agua dulce se ha reducido desde entonces un 85%. Otros datos a los que Segovia hizo alusión tienen que ver con el estado del agua en España. “El estado global de del 41% de los ríos y humedales es malo y el estado global del 45% de los acuíferos también”, subrayó.
En el marco del workshop de WWC también se puso de manifiesto cómo el 80,6% de los usos del agua en España son agrícolas y cómo el 15,6% del agua se usa para consumo doméstico. Unos usos que se verán afectados por las predicciones que también se pusieron sobre la mesa que son que, de aquí a 2070, de seguir así, el cambio climático impactará de lleno en la temperatura y las precipitaciones. Así, para entonces, WWC prevé que las temperaturas anuales se incrementen en más de 2,5ºC, que las precipitaciones anuales re reduzcan un 9% y que la disponibilidad de recursos hídricos disminuya un 17%. La ecuación para WWC es clara: “A menos seguridad hídrica, más incertidumbre y menos garantía”.
En la lista de propuestas para revertir la situación, Segovia mencionó algunas como evitar la sobreexplotación, una “misión posible” a tenor de lo sucedido en el marco del “Desafío Guadalquivir”; garantizar el buen uso del agua, para lo que WWC pone a disposición de los interesados una guía para verificar el uso legal del agua en agricultura que cuenta con hasta 11 criterios; o llevar a cabo lo que ellos denominan “custodia ambiental”. Todo ello, concluyó Segovia, para cumplir con la misión de la entidad, que no es otra que “detener la degradación ambiental de la tierra y construir un futuro en el que el ser humano viva en armonía con la naturaleza”.