En este marco, el director global de ESG de Iberdrola, Roberto Fernández Albendea, destacó que, en la actualidad, “el reto se concreta en dos directivas muy importantes que tenemos que implantar: La CSRD, la directiva de reporting, y la CSDDD, la directiva de debida diligencia. Esta es la gran novedad. Estas directivas esperan que las compañías implantemos un ciclo de gestión y ahí radica la novedad: ver la sostenibilidad como parte de los ciclos formales de gestión de la compañía”.
El directivo continuó explicando que el ciclo de gestión empieza con un análisis de riesgos y oportunidades, la definición de unas políticas y la fijación de principios de actuación que hay que formalizar en acciones. Posteriormente fijas metas y objetivos y medirlos a medio plazo. “Esto es un proceso formal que en el mundo de la sostenibilidad no está formalizado”. Además, “el segundo reto es que, aunque tenemos unos flamantes estándares de sostenibilidad, muchos indicadores están sin definir en su detalle. No hay metodologías claras y eso dificulta el proceso de reporting y el proceso de medida. Si a ello le sumamos que muchos indicadores hacen referencia a la evaluación de riesgos y oportunidades futuros, ¿estamos hablando de reporting o de prospectiva? Esto es novedoso porque en las cuentas anuales hay mucho de performance del año pasado y hay un poco de futuro en la evaluación de los activos, pero el reporting de sostenibilidad tiene una carga tremenda en el futuro”.
Partiendo de esta premisa, el director global de ESG explicó cómo Iberdrola está llevando a cabo todo este proceso. “En Iberdrola tenemos una característica especial: le damos mucha relevancia al constructo de gobernanza y sostenibilidad con una influencia importante en nuestros servicios jurídicos. Un artículo de nuestros estatutos sociales define el ‘dividendo social’ como el valor compartido que el Grupo genera para todos sus grupos de interés y los estatutos, aprobados por nuestros accionistas en junta general, dicen que el Grupo debe preocuparse de que ese dividendo social sea generado y compartido”.
A partir de ahí, el Consejo de Administración formula las políticas que abarca desde los riesgos financieros, de sostenibilidad, de gestión de personas, de impacto social, etc., que a su vez se formalizan en los principios que guían la acción de los equipos directivos y de los empleados de la compañía. Posteriormente, el proceso continúa con la evaluación de riesgos, impactos, oportunidades; diseñar unas acciones que los enfrenten y medir sus resultados.
“El gran pilar de nuestra acción en sostenibilidad está relacionado con nuestro propósito corporativo que habla de energía sostenible, de energía limpia, de energía renovable. La sostenibilidad tiene que estar anclada en las operaciones de cada compañía. Debemos aportar valor desde nuestras operaciones y, por lo tanto, en el centro está nuestro impulso de la electricidad como la fuente energética que honestamente pensamos que es la más limpia, la más autónoma, la más local, la más estable, la más segura y la más competitiva”. Y alrededor de este core, “tenemos las cuatro prioridades que explican cómo queremos impulsar esa electricidad: la protección de la naturaleza y el fomento eficiente de los recursos, la promoción de una cadena de valor sostenible, el fortalecimiento del capital humano y social, y mantener una cultura ética”.
El director global de ESG de Iberdrola, Roberto Fernández Albendea, concluyo su intervención afirmando: “Nos enfrentamos a un enorme reto técnico, interno, de comunicación…, pero podemos hacer de este reto una gran oportunidad”. Y posteriormente dio tres recomendaciones a los asistentes de Sustainability Day 24: “Tenemos que pensar en la sostenibilidad como algo que esté integrado en las operaciones, en el modelo de negocio. Tenemos que formalizar los análisis, procesos, fijación de metas y las métricas. Y, finalmente, nada de esto funciona sin la involucración de los órganos de administración”.