Los dividendos repartidos por las empresas a nivel mundial van camino de superar el máximo histórico de 1,66 billones de dólares alcanzado el año pasado, según el Janus Henderson Global Dividend Index, que abarca las 1.200 empresas más grandes del mundo, las cuales pagan el 90 % de los dividendos a escala mundial. Existe información tanto de dividendos como de salarios para el período comprendido entre 2020 y 2023 sobre 31 países, y con su investigación, Oxfam Intermón revela lo siguiente:
La tendencia al alza de los dividendos tiene efectos preocupantes en materia de desigualdad. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha advertido recientemente de que "la desigualdad de ingresos ha aumentado".
"Los beneficios empresariales y los dividendos pagados a los accionistas ricos están por las nubes, mientras que los salarios continúan estancados. Como consecuencia, los empleos de millones de personas los abocan a un ciclo de esfuerzo y dedicación que, sin embargo, no les permite costearse alimentos suficientes, medicinas u otros productos básicos. Los más ricos no amasan sus megafortunas 'trabajando', sino que las extraen de las personas que lo hacen por ellos", afirma el responsable de sector privado y desigualdad de Oxfam Intermón, Miguel Alba.
El análisis de Oxfam a partir de los datos de la Coalición Global del Salario Digno (Global Living Wage Coalition, GLWC) de países de África, Asia y América Latina ha revelado lo siguiente:
Estos resultados refuerzan las advertencias de la OIT sobre el aumento del número de personas trabajadoras que viven en situación de pobreza, y que se ven obligadas a saltarse comidas, endeudarse o carecer de artículos básicos. A partir de datos extraídos de la OIT sobre la pobreza laboral, Oxfam Intermón constata que casi una de cada cinco personas trabajadoras en el mundo gana un salario por debajo de la línea de pobreza de 3,65 dólares al día en paridad del poder adquisitivo (PPA). Además, el el 66 % de las personas trabajadoras de los países de renta baja percibe salarios de pobreza, es decir, que no superan el umbral de pobreza de 3,65 dólares PPA.
"Ninguna empresa debe dar dinero a los accionistas ricos si no paga un salario digno a todos sus trabajadores y trabajadoras. Los gobiernos deben limitar las retribuciones a los accionistas, apoyar a los sindicatos y legislar en favor de salarios dignos. Deberíamos recompensar el trabajo, no la riqueza", concluye Miguel Alba.