28/11/2022 07:15:48

El 5% de las emisiones de CO2 a nivel global proviene de la tecnología digital

Green Digital Conference

En el marco de la jornada Green Digital Conference se han señalado, entre otras claves, que “el impacto de la tecnología no está solo en su consumo de energía y recursos; también en la forma en la que consumimos recursos y vidas humanas en países de África y Asia donde adquirimos las materias primas para producirla”. Green Digital Conference se celebró en Bilbao y concentró el debate internacional sobre alinear las transiciones digital y ecológica, un reto crucial al que la humanidad se enfrenta actualmente. Esta IX edición de los Bilbao European Encounters ha celebrado su primera jornada en Azkuna Zentroa y seguirá mañana en BBK Kuna, con un elenco de ponentes nacionales e internacionales para aproximar las claves sobre cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Agenda 2030 mientras ocurren ambas transiciones.

El científico titular en el Instituto de Filosofía del CSIC y Globernance Txetxu Ausín ha dado comienzo al encuentro señalando que, “aunque puede ayudarnos a afrontar grandes desafíos como el cambio climático, la digitalización consume ingentes cantidades de energía y, por tanto, es preciso analizarla y conjugarla de manera inteligente con la transición verde”. Le ha acompañado la consejera de Desarrollo Económico, Sostenibilidad y Medio Ambiente del Gobierno Vasco, Arantxa Tapia, que ha afirmado que “estudios realizados entre 2018 y 2020 afirman que el sector digital ha consumido el 3% de la energía primaria global, un 7% de la energía eléctrica global y que además ha generado un 5% de las emisiones de CO2”.

Fiachra O’Brolchain, especialista en ética aplicada en Dublin City University, ha abordado la ética de una digitalización verde: “Como riesgos éticos tenemos que la sostenibilidad no es un marco propiamente normativo; que la Inteligencia Artificial ha aumentado la desigualdad, por ejemplo, cuando las empresas de naciones ricas son más capaces de acceder a recursos escasos; o que, con algoritmos dominando cada vez más la toma de decisiones políticas y sociales, la participación democrática se reduce. La digitalización transformará el modo en que vivimos, lo que nos da la oportunidad de crear nuevos modos de comportamiento”. Por su parte, la activista por los derechos digitales en European Green Foundation para el grupo parlamentario europeo Los Verdes/ALE Narmine Abou Bakari, ha afirmado que “es necesario regular la tecnología, incluyendo una visión sistemática sobre ámbitos como la Inteligencia Artificial. El impacto de la tecnología no está solo en su consumo de energía, también en la forma en la que consumimos recursos y vidas humanas en países de África y Asia donde adquirimos las materias primas para producirla”. 

Andrés Ortega Klein, escritor, analista y periodista, ha apuntado a que “el creciente papel de la digitalización o las TICs no está orientado a la reducción de emisiones, más bien lo contrario: su huella no ha dejado de aumentar en los últimos 50 años a pesar de ser más eficientes. A menudo el aumento de la eficiencia se ve acompañado por un aumento de sus misiones, derivado del aumento también de su uso. Parecen algo inocuo, ‘la nube’ parece que está ahí, sin más, pero son cientos y cientos de procesadores que consumen cantidades ingentes. Colgar un ‘selfie’ supone una información que circula por miles de kilómetros y podría consumir el equivalente a 3 o 4 bombillas de bajo consumo encendidas durante una hora. Aunque, bien implementada, la digitalización podría ahorrar 1 de cada 5 toneladas de CO2”.

Ha participado en la mesa ‘Una reflexión necesaria sobre digitalización y transición ecológica’, donde también ha participado, entre otras personas, la reconocida experta en ética tecnológica y responsabilidad algorítmica Gemma Galdón, que ha apuntado al impacto social y medioambiental: “Estamos viendo cómo a veces los algoritmos tienden a reproducir conductas discriminatorias hacia mujeres, personas racializadas, discapacitadas… En cuanto a medio ambiente, como auditores algorítmicos, nos sorprende que no se le presta atención suficiente. A una empresa o institución se le pueden pedir cuentas sobre las bombillas que tiene instaladas pero no sobre dónde tiene sus servidores, y aún no hemos acordado cómo medir este impacto ambiental”.

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