Tal y como explicó José Alfredo, Oliete es un pueblo de 365 habitantes en el que el éxodo a la ciudad provocó el abandono de 100.000 olivos. “El reto era convertir ese olivar abandonado en el motor de desarrollo de un pueblo, fijar población, recuperar el ecosistema y generar una economía rural que hiciese que ese pueblo tuviera un futuro”.
“Tener recursos finitos hace que te fijes en proyectos redondos. Una de las cosas que hacemos es que trabajamos en la España rural, tratamos de generar empleo para mujeres y, desde hace cuatro años, tenemos un plan estratégico medioambiental a través del cual medimos la huella de carbono y compensamos las emisiones que generamos apadrinando olivos y creando el ‘Olivar Reale’”, explicó Arancha Escalada.
“Gracias a los padrinos y madrinas, hemos recuperado 15.000 olivos y se han generado 22 empleos en un pueblo de 365 habitantes que hacen que servicios básicos como la escuela, la farmacia o los restaurantes sigan abiertos”. De esos empleos, el 60% es empleo femenino. Además, “hemos conseguido que 3.000 personas vayan a Oliete a visitar su olivo, con el impacto en el turismo que ello supone”, concluyó José Alfredo.