En este segundo evento se analizó la forma en la que los avances tecnológicos y una creciente concienciación ciudadana en materia de seguridad vial han permitido en los últimos años una importante reducción de la siniestralidad.
Si a finales de los 80 alrededor de 6.000 personas perdían la vida cada año en las carreteras de nuestro país, en 2021 el dato se situaba en 1.004 víctimas. Esta bajada es resultado de décadas de campañas de concienciación y de mejoras tanto técnicas como mecánicas de los vehículos en circulación que, sin embargo, aún está lejos del objetivo cero víctimas marcado por la ONU con el horizonte 2050. «No sabemos si la nueva movilidad requiere una nueva seguridad vial, pero es indudable que la realidad en la que nos encontramos requiere revisar en profundidad todos los aspectos asociados a ella», ha explicado Antonio Cruz, subdirector general de ALD.
Los nuevos tiempos exigen también nuevas soluciones para retos que nos preocupan desde hace décadas, como la crisis climática y energética. En este contexto surge un concepto clave: la conducción sostenible que, además de ser más segura, pone el foco en el ahorro de combustible y la consiguiente reducción de la huella de carbono. «Poniendo en práctica gestos sencillos logramos un ahorro importante de combustible y, con ello, de emisiones a la atmósfera. Si el 1% de la población europea aplicase este tipo de técnicas, podríamos dejar de emitir más de 900 toneladas anuales de CO2», cuenta al respecto Javier Cabanas, responsable del área de seguridad vial de Ilunion y la escuela de conducción de ALD.
Sin embargo, ocurre en ocasiones que la tecnología y sus novedades o avances no siguen de forma acompasada los pasos de la sociedad y es necesaria la pedagogía e información para que la ciudadanía pueda aprovechar al máximo las ventajas que la innovación les ofrece en materia de sostenibilidad y seguridad. «La tecnología ha permitido que en los últimos diez años se avance más rápido que durante todos los periodos anteriores e, igual que sucedió entonces, el entorno se irá adecuando progresivamente a esa nueva forma de conducir», apunta Damián Tokmayier, responsable de ventas especiales y vehículos usados de Hyundai. En ese aspecto, el papel de la comunicación y la publicidad es fundamental para ayudar a pensar los nuevos tiempos y a concienciar a la ciudadanía. «Nosotros podemos generar la sensación de que existe un problema que es real y concienciar a los usuarios. El principal reto es llegar a los más jóvenes con referentes que conozcan y con formatos que consuman y compartan, que les lleguen», apunta Chus Rasines, director creativo de Ogilvy y responsable de la cuenta de la Dirección General de Tráfico (DGT).
Las ciudades cambian y los vehículos también, pero la necesidad de educación vial sigue siendo igual o más imprescindible que antes. Por eso, a partir del curso que viene pasará a ser obligatoria y a formar parte de los currículos de primaria, secundaria y bachillerato, una decisión muy acertada según el criterio de Jesús García, miembro de la Unidad de Educación Vial del Ayuntamiento de Madrid.
Esta medida encaminada a generar conocimiento y ampliar la educación de toda la sociedad desde edades tempranas impulsa, además, un enfoque clave para la seguridad vial: la visión de conjunto en la red de prevención de siniestros. «Necesitamos potenciar la divulgación para seguir educando al consumidor, al conductor, y ayudarle a tomar decisiones y a formarse constantemente durante todas las etapas de su vida», reclama Nuria Alonso, responsable de divulgación y cooperación institucional de la Fundación RACE. «El gran reto se plantea en cómo reciclar a los conductores a lo largo de los años, si la última formación que reciben la mayoría es cuando son jóvenes y van a la autoescuela», apunta en la misma línea Jesús Monclús, director de prevención y seguridad vial de Fundación Mapfre. Para él, la gran herramienta está en las empresas, que deben asumir un rol de agente por su propio interés si quiere reducir la siniestralidad y las bajas, pero, sobre todo, por responsabilidad social.