25/05/2022 08:14:02

La demanda global de petróleo podría llegar a su punto máximo entre 2025 y 2027

Debido a la penetración de la movilidad eléctrica

La transición energética sigue ganando fuerza. En un escenario en el que está experimentando un fuerte impulso de la adaptación a sistemas energéticos con bajas emisiones de carbono, McKinsey ha elaborado su informe Global Energy Perspective 2022 (Perspectiva Mundial de la Energía) donde presenta perspectivas específicas por cada combustible, como el gas natural, el petróleo, el carbón o el hidrógeno, así como una visión del papel que juega la tecnología de captura, almacenamiento y uso del carbono (CCUS por sus siglas en inglés) en la descarbonización del sector energético.

Una de las principales conclusiones del informe revela un rápido cambio en el mercado energético global, con una demanda de petróleo que podría llegar a su punto máximo en los próximos cinco años, entre 2025 y 2027.  Asimismo, se prevé que la transición energética estará liderada por las energías renovables, y que éstas se multipliquen por tres de aquí a 2050, logrando así una representación del 50% de la generación de electricidad mundial en 2030, y del 80-90% en 2050. También se contempla que la demanda de hidrógeno crezca entre 4 y 6 veces hasta 2050, impulsada principalmente por el transporte por carretera, el marítimo y la aviación, representando así el 10% del consumo mundial de energía final en este horizonte.

A pesar del rápido crecimiento de la economía mundial y de la población, calculado en dos mil millones de personas, se prevé que el crecimiento del consumo de energía se reduzca, aumentando sólo en un 14% para 2050. Esta continua reducción de la intensidad energética del PIB es un factor clave, impulsado por una mayor eficiencia de uso final en los edificios, el transporte y la industria.

“En los últimos años hemos visto cómo la transición energética se va acelerando. La publicación anual de este informe nos permite observar cómo el pico de demanda de petróleo se ha ido aproximando en el tiempo. Considerando nuestro escenario de referencia, el pico máximo podría ocurrir en un plazo de tres a cinco años, debido principalmente al incremento en la adopción de vehículos eléctricos”, recalcaDavid González, Senior Partner de McKinsey y líder de la práctica de Energía y Materiales en España y Portugal.

El crecimiento futuro de las inversiones en energía estará impulsado casi en su totalidad por las energías renovables y las tecnologías de descarbonización. Por su parte, la CCUS se posiciona como una de las palancas más adecuadas para la descarbonización, a partir de una penetración casi inexistente en la actualidad, y con oportunidades de inversión que superan a los mercados de gas natural licuado (GNL) actuales. “Será necesario capturar de dos a cuatro gigatoneladas de CO mediante CCUS para el 2050, el equivalente al 10% de las emisiones actuales, para descarbonizar las industrias pesadas en las que los combustibles fósiles siguen desempeñando un papel importante”, añade David González.

Otro tipo de energías como la solar o la eólica, también se han visto impactadas por el desarrollo tecnológico y la optimización de la cadena de suministro. De hecho, el coste de la energía solar ya se ha reducido a la mitad, mientras que los costes de la energía eólica han disminuido en casi un tercio. Como consecuencia, el 61% de la nueva instalación de capacidad renovable ya tiene un precio más bajo que las alternativas de combustibles fósiles.

Un compromiso mundial

Los mercados energéticos mundiales se enfrentan a un escenario incierto cargado de retos sin precedentes en el sector. Tanto es así que se espera que la proporción de energías renovables en la generación de energía mundial se duplique en los próximos 15 años. Además, a pesar del compromiso de cero emisiones netas por parte de los gobiernos y de la cada vez más acelerada transición hacia los vehículos eléctricos, el pronóstico del calentamiento global vaticina que se superen los 1,7 °C en 2100, situando cada vez más lejos el objetivo de alcanzar 1,5 °C planteado en la cumbre del clima celebrada en Glasgow el pasado año.

“Aunque todos los países comprometidos cumplan y alcancen sus objetivos de cero emisiones netas, aún se espera que el calentamiento global llegue a 1,7 °C. Para poder mantener el objetivo de los 1,5 °C, las reformas y transformaciones deberían ser aún más ambiciosas”, finaliza el Socio Senior de McKinsey.

En el contexto de la COP26, 64 países que representan el 89% de las emisiones mundiales de CO₂ han hecho compromisos de cero emisiones, mientras que las empresas del sector privado siguen aumentando sus objetivos de descarbonización. Sin embargo, para poder mantenernos en el camino hacia los 1,5°C parece necesario que el sistema energético mundial acelere de forma significativa su transformación, pasando del uso de combustibles fósiles hacia la eficiencia, la electrificación y nuevos combustibles de manera más rápida, inclusive, que estos compromisos anunciados. Para ello, será necesario un importante aumento en inversiones en todos los sectores, y que las regulaciones que exigen una mayor proporción de energías renovables, CCUS, o combustibles sostenibles den el soporte necesario para estimular estas inversiones en el corto plazo.

 

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