RSE

La visión de las grandes gestoras de inversión

La financiación sostenible, clave para alcanzar los retos globales


14/04/2021 08:00:27 En los últimos años, el sector de las finanzas sostenibles está viviendo una auténtica disrupción. A la firma del Acuerdo de París o al anuncio de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, en 2015, se suman las voces de actores relevantes en el ámbito financiero como el World Economic Forum o las ya tradicionales cartas del CEO de BlackRock, Larry Fink, dirigidas a los CEO de las principales empresas del mundo. Todos ellos coinciden en la necesidad de avanzar hacia una economía baja en carbono, pero, a la vez, advierten de que esta transición se debe hacer de forma justa e inclusiva para no dejar a nadie atrás. Un reto que la sociedad debe alcanzar cuanto antes y en el que el sector financiero está llamado a jugar un papel clave. En este reportaje, consultamos a las principales gestoras de fondos que operan en España para analizar el presente y futuro de la financiación sostenible.

En la actualidad, no existe una definición única de Inversión Socialmente Responsable o ISR. De hecho, la nueva regulación evita utilizar este concepto y apuesta por la Inversión Sostenible. Así pues, por ejemplo, los Principios de Inversión Responsable (PRI) de Naciones Unidas definen la como “una estrategia y práctica que incorpora los factores ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) en las decisiones de inversión y la administración de activos. Además, complementa las técnicas tradicionales de análisis financiero y construcción de carteras”. Los gestores de fondos consultados coinciden en afirmar que, hoy en día, hay una gran diversidad de formas de implementar la Inversión Sostenible. Además, se trata de un ámbito que está en plena disrupción, pues en unos años se ha pasado de hablar de estrategias de exclusión y de cateras best in class a hablar de Objetivos de Desarrollo Sostenible, de inversión de impacto, de engagement, de capitalismo inclusivo o de biodiversidad, entre otros aspectos. Por este motivo, la directora asociada de Inversiones de Schroders, Claire Herbert, cree que “tener un abanico de enfoques ayuda a promover la innovación y la diferenciación. En los últimos años hemos visto que el número de productos integrados, sostenibles y de impacto han pasado a la vanguardia de la inversión sostenible”. En este sentido, el responsable de DWS para España y Portugal, Mariano Arenillas, afirma que “existen tantas aproximaciones casi como inversores, pero en todas ellas subyace el objetivo de políticas empresariales que tengan como objetivo no sólo maximizar la rentabilidad, sino que dicha actividad sea sostenible en el largo plazo, tanto para la empresa como también para el entorno ambiental, social y de gobernanza en el que opera”. Y considera que la Taxonomía europea de Finanzas Sostenibles ayudará, en el futuro, a determinar qué se considera sostenible. “Creemos que la herramienta que la Unión Europea pondrá a disposición este 2021 ayudará a los inversores a una mejor comprensión y entendimiento de los fundamentos de inversión sostenible”.

Precisamente, el principal hándicap que tiene el sector es la homogeneización de la información. Un reciente estudio de BlackRock pone de manifiesto que el 53% de los encuestados a escala mundial menciona la “escasa calidad o disponibilidad de los datos y análisis ASG” como la principal barrera para adoptar estrategias de Inversión Sostenible. Por ello, la principal gestora de fondos del mundo considera que “es fundamental armonizar la Taxonomía para mejorar la calidad de los datos y de la información relativa a estos procesos. No cabe duda de que la calidad y la disponibilidad de los datos ha aumentado de forma significativa en la última década, lo que ha permitido a los inversores tomar decisiones de inversión más fundamentadas. No obstante, existe un consenso considerable entre los inversores institucionales de que se trata de un ámbito que requiere mayor atención”, apuntan desde BlackRock.

Por esta razón, la nueva regulación busca la integración de los riesgos de sostenibilidad en la toma de decisiones y aclarar las diferencias entre inversiones que promuevan o tengan como objetivo el logro de inversiones sostenibles. El director de Inversiones de BNP Paribas Wealth Management, Ángel Borrego, afirma: “Gracias al reglamento de Taxonomía y el compromiso de la Comisión Europea con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, inicialmente, el centro del desarrollo está siendo favorecer que los flujos económicos vayan hacía actividades que ayuden a la transición hacia una economía hipocarbónica y circular; pero, posteriormente, las inversiones se centrarán más en los ámbitos social y corporativo”.

Pero Jennifer Wu, Global Head of Sustainable Investing en J.P. Morgan Asset Management, considera que, más allá de la definición, será necesaria la colaboración de las diferentes instituciones económicas: “La Taxonomía Sostenible de la Unión Europea ha definido lo que constituye una Inversión Sostenible y sabemos que, a nivel mundial, muchos reguladores están considerando adoptar tipos de medidas similares. La pregunta es si habrá colaboración y convergencia entre diferentes regímenes”. En este sentido, el director general de Pictet AM en Iberia y Latam, Gonzalo Rengifo, recuerda que, de momento, ninguna entidad proporciona un sello de sostenibilidad para toda Europa. “La nueva normativa debe facilitarlo, pero no será sencillo, pues hay muchas metodologías”. Por ejemplo, el cálculo de la huella de CO2 de una empresa puede incluir operaciones principales (scope 1) y actividades de apoyo, como flota logística (scope 2). Además, es posible medir las emisiones indirectas de toda la cadena de valor y ciclo de vida completo, incluidas las producidas por proveedores y clientes (scope 3). En cualquier caso, “hay que ir más allá de la calificación de sostenibilidad de los proveedores de datos, que se fijan en la información anual que proporcionan las empresas. Además, hay que ampliar el concepto de sostenibilidad a los gobiernos y a su deuda”.

En cambio, ante esta diversidad y la plena expansión que está viviendo el sector de la Inversión Sostenible, la directora general de Allianz Global Investors para España y Portugal, Marisa Aguilar, considera que “no se debe etiquetar o encasillar, por muy tentador que resulte. Sería absurdo limitar algo que es tan necesario y que apenas está naciendo. Lo que sí hay que exigir es conocimiento, solidez y recursos, de forma que se generen carteras robustas, y combinarlo con flexibilidad. La integración de los riesgos sostenibles en el sector financiero ya es una obligación que va a impactar a prácticamente la totalidad de productos de inversión existentes en el mercado”.

El impulso de la normativa

El pasado 10 de marzo entró en vigor el Reglamento 2019/2088 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 27 de noviembre de 2019, sobre la divulgación de información relativa a la sostenibilidad en el sector de los servicios financieros, más conocido como SFDR (por sus siglas en inglés). Este reglamento, que se aplica a la comercialización de fondos en la Unión Europea, establece las obligaciones en materia de publicación de información relativa a la sostenibilidad en el sector de los servicios financieros, con el fin de proporcionar una mayor transparencia y una base comparativa para los inversores finales.

Tal y como comenta el director de ASG de Pictet AM, Eric Borremans, en virtud del Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles, parte del Plan de Acción de la UE sobre Finanzas Sostenibles, “una inversión sostenible invierte en una actividad económica que contribuye a un objetivo medioambiental, medido, por ejemplo, por un indicador clave de eficiencia de recursos en cuanto a uso de energía, energías renovables, materias primas, agua o tierra, producción de residuos, emisiones de gases de efecto invernadero o impacto en la biodiversidad y economía circular o contribuye a un objetivo social, en particular la lucha contra la desigualdad o que fomenta la cohesión, la integración social y las relaciones laborales o bien una inversión en capital humano o en comunidades económica o socialmente desfavorecidas, siempre que a su vez no dañe significativamente ninguno de esos objetivos y las empresas en que invierte sigan buenas prácticas de gobernanza”.

En cualquier caso, es importante que la industria haga los mayores esfuerzos para informar y armonizar los indicadores que caracterizan las propiedades ASG de las carteras de inversión. Para esto, “el Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles impone nuevas obligaciones de transparencia y requisitos periódicos de presentación de informes. Requiere que todos los gestores de activos clasifiquen todos sus productos respecto al papel de los criterios ASG en los procesos de inversión. En virtud del artículo 6 los fondos clasificados como ‘ASG Integrado’ reconocen que los riesgos de sostenibilidad son relevantes y describen cómo se integran en el proceso de inversión, pero el fondo puede invertir en empresas de baja calificación ASG. De conformidad con el artículo 8 los fondos que promuevan características ambientales y/o sociales deben describirlas y cómo se cumplen y en virtud del artículo 9 los que tienen un objetivo de sostenibilidad además de financiero deben indicar claramente cuál es el objetivo y como se consigue”, añade Eric Borremans. Por todo ello, Marisa Aguilar, de Allianz Global Investors, considera que “el tejido regulatorio que se está construyendo en finanzas sostenibles está siendo clave para que la inversión sostenible deje de ser una disciplina únicamente aplicada y buscada por determinados agentes institucionales y pase a ‘democratizarse’, a tener un papel absolutamente central en las finanzas, y en concreto en la construcción de productos de ahorro, inversión y previsión”.

Por esta razón, cree que “la regulación en sostenibilidad se ha erigido como un acelerador y multiplicador del cambio en el sector financiero, afectándolo de manera estructural”. Una opinión que comparte Ángel Borrego, de BNP Paribas Wealth Management, que considera que las nuevas regulaciones son un gran catalizador de la inversión sostenible. “Van a propiciar que conceptos como bonos verdes, economía circular o Taxonomía transciendan del ámbito profesional al minorista y, con ello, se popularice más la Inversión Sostenible. La obligación para las grandes gestoras de analizar y comunicar los riesgos de sostenibilidad aumentará el conocimiento por parte del pequeño inversor de la incidencia de sus inversiones en materia de sostenibilidad y seguirá favoreciendo el crecimiento de la Inversión Sostenible”

En la misma línea, Jennifer Wu, de J.P. Morgan Asset Management, destaca los esfuerzos regulatorios que está realizando Europa encam Jennifer Wu, de J.P. Morgan Asset Management inados a promover y llamar la atención sobre la Inversión Sostenible. “En los últimos 18 meses, la Unión Europea lo ha llevado al siguiente nivel en términos de definir ‘qué son las prácticas sostenibles’ y eso tiene enormes implicaciones para las empresas y los inversores. Esto debería comenzar a impulsar una mayor transparencia en la divulgación corporativa. Las regulaciones proporcionan un marco sólido en el que las empresas pueden confiar, pero llevará tiempo que las empresas empiecen a informar sobre estas métricas de manera sistemática”.

Así pues, la regulación debería aportar estructuración, claridad y aspectos homogéneos a la hora de considerar los riesgos no financieros o ASG. Tal y como opina el responsable de DWS, Mariano Arenillas, “contar con definiciones comunes y desarrollos multiregionales ayudará a un mejor entendimiento e implementación de las políticas ASG a nivel global. Se establecerán estándares comunes que ayudarán a evitar actividades de greenwashing o, lo que es lo mismo, se evitará que inversiones no comprometidas con ASG puedan ser identificadas y excluidas frente a aquellas que si cumplen con la norma.

Además, se pretende que de forma regular el inversor pueda conocer los resultados de su cartera a nivel financiero, pero también como está colaborando con el medio ambiente, la sociedad y los principios de gobierno sostenible”. Precisamente, Claire Herbert, de Schroders, considera que el nuevo Reglamento europeo reforzará la promoción de la Inversión Sostenible. “La ASG ha crecido a un ritmo sin precedentes en los últimos años y la normativa ha tenido dificultades para seguir el ritmo”. Muestra de ello es que el “Estudio sobre el comportamiento de los Inversores Institucionales de 2020”, realizado por esta gestora, señala que el greenwashing es el reto más importante para el éxito de la Inversión Sostenible, según el 60% de los inversores institucionales a nivel mundial y el 61% en EMEA.

Para hacer frente a este riesgo, Claire Herbert asegura que “una normativa que ofrezca una mayor transparencia y que cambie el enfoque de ‘declarar’ a ‘demostrar’ las credenciales de sostenibilidad, desempeñará un papel fundamental en el camino hacia el éxito de la inversión sostenible. Ya no basta con hablar de su impacto, sino que cada vez hay más expectativas de medirlo y cuantificarlo”. En definitiva, la directiva de Allianz Global Investors cree que “el impulso de las políticas públicas climáticas y sostenibles, los recursos públicos destinados a tecnología e innovación climática, junto a una mayor demanda social, están impulsando la generación de nuevos productos de inversión sostenible. El año pasado los fondos sostenibles batieron récords de flujos trimestre tras trimestre. Lo mismo ocurrió con el lanzamiento de nuevos productos sostenibles. Es una tendencia que no ha hecho más que empezar y esperamos crecimientos muy relevantes en este campo”, afirma Marisa Aguilar.

El futuro de las finanzas sostenibles

Precisamente, aspectos como el marco regulatorio de la Unión Europea o la llegada de Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos hacen prever que la Inversión Sostenible experimente un crecimiento muy relevante en los próximos años. Además, tal y como recuerda Francisco Javier Garayoa, de Spainsif, “los mercados fi nancieros están alineados con los compromisos internacionales, como el Acuerdo de París para frenar el cambio climático o los Objetivos de Desarrollo Sostenible, siendo la Inversión Sostenible uno de los canales idóneos para lograr la transición energética hacia un modelo neutro en emisiones de carbono, como se contempla en el Plan Verde Europeo -European Green Deal-, así como para impulsar proyectos sociales ligados con la creación de empleo y bienestar, recogidos en el plan de reconstrucción europeo, programa Next Generation EU”. Una opinión que comparte, el responsable de inversión sostenible y de impacto en UBS Asset Management, Michael Baldinger.

El experto considera que ante los riesgos de enfermedades infecciosas o el cambio climático “es muy alentador el hecho de que, cada vez, más países están tomando conciencia sobre este tema y plantean medidas para hacerle frente. Por ejemplo, Joe Biden ha anunciado que los Estados Unidos volverán a formar parte del Acuerdo de París, mientras XI Jinping quiere acelerar el esfuerzo para alcanzar cero emisiones netas antes del 2060. De todas maneras, no podemos dejarlo todo en manos de los gobiernos. Hoy en día, los inversores pueden desempeñar un papel esencial, ya que la asignación de activos es lo que marca la diferencia a la hora de hablar sobre tecnologías y cambio climático”. Pero, además, estos pronósticos se apoyan en el volumen que ya está alcanzando las finanzas sostenibles en los últimos años. Tal y como recuerda Mariano Arenillas, de DWS, las últimas cifras sobre la implementación de Inversión Sostenible o ASG apuntan a “un desarrollo más importante en Europa que en cualquier otra geografía en términos absolutos, pero en términos de crecimiento reciente, Estados Unidos y Japón avanzan con mayor velocidad”.

Así pues, Europa cuenta con cerca del 50% de las inversiones clasificadas como ASG, seguida de Estados Unidos y Japón. En cuanto a crecimiento, Europa creció un 11% del año 2016 al 2018, mientras que Estados Unidos lo hizo un 38% y se acerca a Europa en términos absolutos. “Pensamos que, en los próximos años, esta cifra se incrementará de forma sustancial al igual que lo hacen otras gestoras e inversores firmantes de los PRI de Naciones Unidas. Creemos que, en el medio plazo, la Inversión Responsable será el estándar frente a la inversión exclusivamente basada en factores financieros”, asegura Mariano Arenillas.

Áreas de crecimiento

A lo largo de varias décadas se ha ido acumulando una amplia gama de retos, muchos de los cuales requieren una importante financiación para ser resueltos. Tal y como comenta Claire Herbert, de Schroders, “los Objetivos de Desarrollo Sostenible, impulsados por la ONU, ofrecen un plan para abordar esos problemas globales y está claro que hay una amplia gama de inversiones sostenibles prometedoras para los próximos años. El Pacto Mundial de las Naciones Unidas estima que las oportunidades de inversión alcanzarán entre 5 y 7 billones de dólares cada año si queremos hacer realidad la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible en todo el mundo”.

Así pues, a la hora de hablar de prioridades de inversión, Mariano Arenillas, de DWS, considera que en el corto y medio plazo la mayor urgencia recae sobre la degradación del medio ambiente. “Estamos viendo como todos los paquetes gubernamentales de estímulo postCOVID tienen un claro enfoque hacia la transición energética hacia energías limpias y sostenibles, por lo que debería ser un claro foco de atención. Fondos con objetivo de reducir la huella de carbono, fomentar la sostenibilidad de la gran despensa que es el mar, la calidad del aire, la disminución de los plásticos, menor dependencia de las energías fósiles y mantenimiento de la biodiversidad serán interesantes sin duda”. Una opinión que comparte Ángel Borrego, de BNP Paribas Wealth Management: “Pensamos que las inversiones sostenibles van a ir evolucionando con el paso del tiempo a medida que la regulación igualmente se va desarrollando. Hoy el sesgo principal es climático, dado que el volumen de flujos de inversión anunciados y esperados para los próximos años es muy alto, y conseguirá desarrollar tecnologías como la del hidrógeno y veremos una transición energética en Europa”.

Por su parte, fuentes corporativas de BlackRock ponen énfasis en la necesidad de que la transición hacia un futuro bajo en carbono se realice de forma ordenada y justa. “Somos conscientes de que existen distintos niveles de dependencia del carbono en las diferentes economías. Con el fin de efectuar una transición justa y equitativa hacia una economía baja en carbono, los países de todo el mundo deberán reasignar sus recursos laborales desde sectores con elevadas emisiones de carbono a alternativas más limpias a fin de preservar las oportunidades económicas y mitigar las repercusiones en las comunidades. No obstante, la pérdida de puestos de trabajo en sectores que hacen un uso elevado de los combustibles fósiles no conlleva necesariamente una pérdida económica absoluta. En su lugar, la transición a la energía renovable probablemente dé lugar a una ganancia económica neta para la economía mundial. Si prestamos una especial atención al capital humano en el marco de la transición, que incluya iniciativas de formación y reciclaje profesional, podremos materializar un cambio más justo y equitativo”.

Puede leer el reportaje completo en este link.

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