El informe realiza por primera vez un seguimiento de los avances de todas las compañías participantes de los sectores de moda, ropa de montaña, lujo y pequeños comercios, así como sus proveedores que, juntos, representan el 15% de la producción mundial de ropa.
“Hemos conseguido un progreso reseñable en la eliminación de químicos peligrosos que contaminan las vías fluviales y el medioambiente. Con el impulso de la campaña Detox, se ha producido un cambio de paradigma en la industria textil, que ahora se hace responsable de toda la cadena de producción y no sólo de sus prendas de ropa” ha declarado Bunny McDiarmid, directora ejecutiva de Greenpeace Internacional.
Estos son algunos de los avances más importantes recogidos en el informe:
Greenpeace demanda una mejor colaboración por parte de la industria, normativas tanto nacionales como internacionales, armonización de las mismas y que la industria química asuma más responsabilidad en el desarrollo de alternativas más seguras. Las empresas Detox y Greenpeace coinciden en que la eliminación de los vertidos de químicos peligrosos es un paso esencial para lograr una economía circular para los textiles, que evite la interminable recirculación de tóxicos a través de los materiales reciclados.
“Aunque estamos contentas con el progreso realizado por las empresas que asumieron el reto para eliminar los tóxicos de sus cadenas de suministro, el 85% de la industria textil aún no está haciendo lo suficiente para eliminar los químicos peligrosos y mejorar las condiciones de trabajo en las fábricas y esto es inaceptable. Es hora de que quienes legislan intervengan y conviertan Detox en un estándar mundial “, ha añadido Celia Ojeda, responsable de la campaña en Greenpeace España.
El reto principal de la industria de la moda es la cantidad de residuos que genera la fast fashion o moda rápida. De hecho, se prevé que el consumo de ropa aumente todavía más, de 62 millones de toneladas en 2017 a 102 millones de toneladas en 2030, un aumento del 63%. Irónicamente, la propia industria advirtió que, para 2030, la presión medioambiental y social se intensificará “hasta el punto de amenazar el propio crecimiento de la industria”. A todo esto hay que unir el impacto ambiental que generan las fibras de poliéster que contamina ríos y mares incluso cuando todavía forma parte de nuestro vestuario: una sola prenda libera hasta 1 millón de fibras microplásticas en un solo lavado(1).
Ante esta insostenibilidad de la ‘moda rápida’, y en plena temporada de rebajas, Greenpeace demanda a la industria de la moda y a los consumidores bajar el ritmo de producción y compra para revertir el enorme impacto del sector que ya es responsable del 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, una de las principales causas del cambio climático.