España ha conseguido, según el último análisis, una puntuación de 75,4, situándose en el puesto 25 de 156. Consigue mejorar en lucha contra el cambio climático, aunque destacan que las mayores medidas están aún por realizarse. También logra una puntuación positiva en el desarrollo de las ciudades y comunidades sostenibles.
El agua centra estos tres puntos de los ODS y la llamada huella hídrica de empresas, instituciones y particulares es un medidor importante tanto a la hora de tomar decisiones como de tratar de reducirla.
La huella hídrica es el volumen de agua dulce utilizada, medida a lo largo de toda la cadena de suministro, siguiendo el enfoque de Análisis de Ciclo de Vida. Es decir, la cantidad de agua utilizada por la marca en su desarrollo profesional. Se trata de un indicador multidimensional del uso del agua que evalúa el uso de agua directo e indirecto, tanto consumida como contaminada, asociado a un sistema (organización, proceso, producto, nación, etc.). Además, debe estar referido a un ámbito geográfico y temporal determinados.
Son muchas las empresas que ya han comprendido la necesidad de paliar la huella que su actividad deja en la naturaleza y en el ecosistema. Entre ellas destaca la labor de Aguas de Cádiz y Emasagra, dos empresas públicas andaluzas que han conseguido mejorar y reducir sus variables, y convertirse en ejemplo de sostenibilidad.
ECOTERRAE, consultora especializada en Cambio Climático y experta en medir tanto la huella hídrica de las empresas como su huella de carbono, destaca tres líneas de trabajo para que el cambio al desarrollo sostenible sea más beneficioso para las empresas y las instituciones.
En palabras de Daniel García Lázaro, CEO de ECOTERRAE, “Se trata de aunar esfuerzos para que en el balance de cada compañía no solo prime lo económico. Es un recorrido largo pero mucho más fácil si se recorre junto a otros y con el apoyo de todos. Controlar la huella hídrica supone un paso más en la consecución de los objetivos del milenio de 2030 ”.