Según Janet Woodcock, directora del Centro para la Evaluación e Investigación de Medicamentos de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), en declaraciones publicadas por la BBC, “los consumidores pueden creer que los jabones antibacteriales son más efectivos para evitar la propagación de gérmenes, pero no tenemos evidencia científica de que sean mejores que (lavarse con) un jabón común y agua".
No obstante, los fabricantes de este tipo de jabones, a través del Instituto Estadounidense de la Limpieza, aseguraron que "la FDA tiene ya en sus manos información que demuestra la efectividad y la seguridad de los jabones antibacteriales". Una información que le requirió la Administración en 2013 a las marcas, con el objetivo de que éstas demostraran con investigaciones, incluyendo estudios clínicos, que esos productos fabricados con los ingredientes ahora prohibido, eran más eficaces que los jabones comunes a la hora de prevenir la propagación de enfermedades o de reducir infecciones.
Unos datos que no han debido ser concluyentes ya que, según un comunicado publicado en medios locales, "los fabricantes continúan con su trabajo para proporcionar más datos científicos” pese a que, a partir de ahora, tendrán un año para retirar del mercado los jabones antibacteriales o modificar su fórmula para eliminar el uso de los ingredientes cuestionados.
A juicio de las autoridades sanitarias estadounidenses, lavarse con agua y jabón sigue siendo una de las medidas más importantes que pueden tomar los consumidores para evitar enfermarse y prevenir la propagación de gérmenes. En el caso de que no haya agua y jabón disponible y se opta por usar un gel antiséptico, recomiendan que sea uno hecho a base de alcohol y que lo contenga en, al menos, 60%.