El estudio elaborado por Labour Behind The Label, a partir de entrevistas a 179 empleados de 12 fábricas distintas, denuncia la existencia de situaciones de "explotación" y las duras condiciones laborales a las que algunos trabajadores del calzado están sometidos en Europa del Este.
El informe -titulado “Labour on a shoe string” y que cita a marcas como Zara, Geox, Lowa o Deichmann- señala que los empleados de la industria del calzado perciben salarios bajos, que están sometidos a situaciones de discriminación de género, con dificultades para coger vacaciones completas, horas extra sin remunerar o riesgos para la salud por la presencia de sustancias tóxicas durante los procesos de fabricación.
Por otro lado, esta investigación también revela que bajo la etiqueta “Made in Italy” o “Made in Germany” se refugian para sugerir a los clientes que se trata de zapatos de alta calidad u omiten que están producidos, en realidad, en países de bajo coste.
En este sentido, Geox se ha desvinculado completamente de este asunto, asegurando que todas sus etiquetas se corresponden con el país de producción e Inditex, aunque ha admitido trabajar con dos de los seis países mencionados en el informe (Rumanía y Albania), matiza que se trata de una producción muy pequeña respecto al total, sin precisar porcentajes.
No obstante, en su memoria anual de 2015 apunta que la compañía vigila que fabricantes y proveedores sigan un código de conducta de obligado cumplimiento, en línea a lo que marca la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y asegura realizar una evaluación exhaustiva en los países donde produce o donde trabaja con proveedores locales.
Salarios bajos y uso productos químicos perjudiciales para la salud
En cuanto al Salario Mínimo Interprofesional (SMI), un albano cobra una quinta parte del SMI alemán: apenas 0,80 euros por hora trabajada. Según la investigación, uno de cada tres trabajadores de este sector cobra menos de 121 euros al mes. Esta cifra asciende a 163 euros en Macedonia, aunque los empleados del calzado apenas alcanzan los 145 euros. La situación en Bosnia (0,92 euros por hora trabajada), Rumania (0,88), Polonia (1,81) y Eslovenia (2,01) tampoco es mucho mejor.
El estudio recoge el testimonio de una trabajadora que explica que “lo más complicado es pagar la calefacción en invierno". En este sentido, apunta, lo más común es "pedir dinero prestado" para seguir hacia adelante, además, los precios continúan subiendo mientras los sueldos permanecen congelados, algo que resulta aún más complicado para seguir sobreviviendo.
Por otra parte, los trabajadores del calzado tienen que hacer frente también a las condiciones de insalubridad de las fábricas. “Usamos una única letrina para 200 mujeres” recoge el informe. Asimismo, están obligadas a beber agua del grifo, aunque no sea potable, según relata otra empleada.
A esto se le suma el contacto constante con productos químicos perjudiciales para la salud sin usar guantes, tal y como aseguran los entrevistados, pues esto supondría a la empresa “una pérdida de productividad y un salario más bajo”.
Estas condiciones están lejos de recibir una inspección de trabajo, pues tal y como se recoge en el informe, ninguno de los 179 entrevistado la ha presenciado jamás.