John Reganold, profesor regente de Ciencias del Suelo y Agroecología de la Universidad Estatal de Washington (EE.UU.), en un artículo publicado por The Guardian, fija como uno de los retos de la investigación agroalimentaria, y toda la industria que ésta arrastra, la consolidación de la agricultura ecológica como el principal recurso por el alimentar a la población mundial. De hecho, Reganold sitúa para el 2050 el año por el que esta nueva industria (aún en vías de estudio y prueba) podría alimentar a 10 millones de personas.
No obstante, la realidad actual dice que la agricultura orgánica ocupa sólo el 1% de la tierra agrícola mundial, por lo que la expansión de este recurso -relativamente sin explotar- supone uno de los mayores retos de la humanidad. Una meta que, sin embargo, para este profesor no es imposible.
Las razones de tal afirmación se encuentran en el estudio “Organic Agriculture in the 21st Century” publicado en Nature Plants, el primero en comparar la agricultura ecológica y convencional a través de los cuatro indicadores: la productividad, la rentabilidad económica, la sostenibilidad ecológica y social.
Los investigadores y autores del estudio encontraron que, aunque los sistemas de agricultura orgánica producen rendimientos entre un 10 y un 20% menos con respecto a los de la agricultura convencional, son más rentables y ambientalmente más amigables. Dos elementos a los que renuncia la agricultura convencional en favor del aumento de ese rendimiento.
Además, la agricultura ecológica ofrece productos iguales o más nutritivos y contienen menos o ningún residuo de plaguicidas, por lo que proporcionarían mayores beneficios sociales en contraste con los convencionales.
Por otro lado, según Reganold y citando a la investigación, con la agricultura orgánica, los costos ambientales tienden a ser más bajos. De hecho, pese a las limitaciones legales impuestas en los últimos años a la expansión de los sistemas agrícolas convencionales en favor de la protección medioambiental, problemas como la pérdida de biodiversidad, la degradación ambiental y los impactos severos sobre los ecosistemas continúan acompañado a estos sistemas que, a menudo, se han extendido mucho más allá de los límites de sus campos, con residuos de fertilizantes en ríos colindantes.
En general, y frente a los bajos rendimientos, la agricultura ecológica es más rentable (entre un 22 y un 35% más) para los agricultores, ya que los consumidores están dispuestos a pagar más por estos productos. Además, la exclusión del uso de pesticidas reduciría la exposición de los trabajadores agrícolas a los productos químicos, mejorando su calidad de vida.
Finalmente, el profesor revela los resultados de un estudio reciente en el que varios investigadores modelaron 500 escenarios de producción de alimentos para ver cuán tangible sería enfocar la producción agrícola bajo unos sistemas ecológicos que alimente a la población mundial y los resultaros fueron sorprendentes.
Según el estudio, una inversión en esta clase de sistema podría alimentar a unos 9,6 millones de personas en 2050, sin tener que ampliar el área de las tierras agrícolas que ya está siendo utilizada. Los investigadores destacaron que se podría producir comida suficiente a través de la agricultura ecológica y compensar el menor rendimiento con un cambio de dietas, más basada en plantas y con un menor consumo de carne, así como un aumento del número de vegetarianos.
Con las tierras de cultivo existentes se podrían alimentar a muchas más personas si son todas fueran veganas, vegetarianas (con una tasa de éxito del 94%), con una dieta orgánica (39%) y, una tasa menor (del 15%) a personas con una dieta de estilo occidental a base de carne.
No obstante, Reganold también se muestra realista y asegura que “no podemos esperar que todos renuncien a la carne” aunque asegura que la orgánica “no es la única opción sostenible para la agricultura convencional” y que existen otros tipos viables de cultivo, tales como “la agricultura integrada”.