Durante los últimos cuatro meses, entre 9.000 y 14.000 refugiados y migrantes han estado viviendo en el campo de Idomeni, de los que aproximadamente un 40% son niños.
"Las autoridades que gestionan el proceso de realojo deben tener en cuenta las necesidades de cada familia y cada niño, que no es nada fácil en un proceso en el que los grupos están siendo recolocados en masa", denuncia Amy Frost, responsable del trabajo con refugiados de Save the Children en Grecia. La mayoría de los niños, especialmente los que están solos, han sufrido mucho en sus países de origen, durante el viaje y en los lugares de tránsito en los que se encuentran sin acceso a servicios básicos. Las recolocaciones que se hagan en sitios alternativos a los campos formales deben hacerse asegurándose de que no suponen un mayor trauma para ellos.
Save the Children se muestra también muy preocupada por la falta de servicios básicos, como baños o infraestructuras sanitarias, en algunos campos formales, por no hablar de servicios especializados como refugios y espacios seguros para los niños, especialmente para los que viajan solos.
"Las autoridades llevan semanas pidiendo a los refugiados que se muevan voluntariamente a los campos oficiales. Ahora que la evacuación ha comenzado, es imprescindible que mantener a las familias unidas sea una prioridad y que se transfiera a los niños a instalaciones donde vivan en condiciones que cumplan todos los estándares europeos e internacionales de bienestar infantil", añade Frost.
Save the Children tiene habilitadas zonas para madres lactantes, programas de nutrición y reparto de ropa y comida en el campo. Junto con la organización Arsis, la ONG tiene un espacio seguro para la infancia y supervisa y evalúa la situación de los niños más vulnerables, especialmente los que están solos.