Las mujeres empoderadas contribuyen a la productividad de sus familias, comunidades y países. “Progresan de manera individual y mejoran los niveles de desarrollo de sus entornos más cercanos. La generación de autoempleo es una vía efectiva para lograr el empoderamiento femenino. En la actualidad, solo el 30% de los negocios en el mundo son creados y dirigidos por mujeres y, además, se concentran en micro y pequeñas empresas”, explica Giovanni di Plácido, director de Análisis y Estudios de la Fundación Microfinanzas BBVA.
Actualmente, en América Latina y el Caribe viven más de 100 millones de mujeres, aproximadamente el 50 % de ellas está en edad de trabajar. Sin embargo, una de cada tres depende de otras personas para poder subsistir, lo que las hace económicamente vulnerables y dependientes de recibir algún ingreso, por lo general de los varones.
Casi 23 millones de mujeres entraron a formar parte del mercado de trabajo en los últimos 10 años en los países de América Latina. Pero solo la mitad de ellas tiene empleo, mientras que en el caso de los hombres el porcentaje es de 8 de cada 10. La brecha aumenta cuanto menores son los niveles de ingreso.
Las mujeres que viven en situación de pobreza tienen mayores dificultades para acceder al mercado laboral, debido a su menor nivel de educación y a los obstáculos que afrontan al tener que asumir las responsabilidades domésticas y el cuidado de los hijos o mayores dependientes. Solo trabaja el 38.4% de las mujeres más pobres, en su mayoría por cuenta propia desarrollando pequeños emprendimientos
“Las mujeres que viven en áreas rurales tienen el doble de probabilidades que las mujeres que viven en las ciudades de convertirse en trabajadoras por cuenta propia. Obligadas por la falta de oportunidades en el mercado de trabajo, una de cada cuatro mujeres trabaja por cuenta propia, la mayoría en el sector comercio y servicios (sectores de productividad baja) debido a que poner en marcha este tipo de negocios requiere menores exigencias de capital”, señala Giovanni di Plácido.
El emprendimiento ofrece una oportunidad de desarrollo económico a las mujeres. Una igualdad
de acceso a las inversiones de capital humano y a otros recursos productivos y a mercado permitiría a las mujeres vulnerables mayores oportunidades de progresar.