El culpable es el satélite Sentinel-3A, que forma parte del programa de observación de la Tierra de la Agencia Espacial Europea y que fue lanzado al espacio ayer martes a las 18:57h a bordo del cohete Rockot desde el cosmódromo de Plesetsk, en Rusia. Un satélite, cabe destacar, que poco más de una hora después de su lanzamiento ya emitió su primera señal -recibida en una antena ubicada en Kiruna (Suecia)- y ya estaba desplegando sus paneles solares para recargar batería.
Está previsto que el satélite realice 14 órbitas alrededor de la Tierra cada día, pasando sobre los polos, y obtenga una imagen global del planeta cada cuatro días.
La misión, tal y como recoge lavanguardia.com, forma parte del programa Copérnico de la Unión Europea, el mayor sistema civil que existe dedicado a observar la Tierra desde el espacio, a través de una familia de satélites y desde estaciones ubicadas en diferentes puntos del planeta. Una familia de satélites cuya misión, en palabras de Volker Liebig, director del programa de observación terrestre de la Agencia Espacial Europea, "será la de ayudarnos a vivir mejor en la Tierra".
Para ello, el satélite, que con un peso de 1.150 kilos y un tamaño parecido a un piano de cola, orbitará a una distancia de 815 kilómetros de la superficie de la Tierra. Se trata, asimismo, del primero de dos satélites gemelos cuya misión es proporcionar información muy precisa sobre la temperatura y el color del agua de los océanos, el nivel del mar o grosor del hielo en los polos.
Pero aún hay más, ya que el Sentinel-3A también monitorizará el color de la superficie de la Tierra, el avance de la deforestación o los incendios, el estado de las cosechas, la presencia de gases que contribuyen al efecto invernadero, etc. "Incluso se podrá usar para evitar la caza furtiva de animales como los elefantes, puesto que vamos a ser capaces de ofrecer información casi en tiempo real a los conservadores de los parques naturales", aseguró Craig Donlon, científico de la misión Sentinel-3A.