Mazda no tuvo más remedio que reinventarse después de cuatro años seguidos de pérdidas, tras la crisis financiera de 2007. Con limitaciones de tiempo y dinero, necesitaba llevar a los concesionarios una gama de vehículos totalmente nueva: modelos atractivos que cumplieran objetivos de emisiones y eficiencia de consumo cada vez más exigentes. Además, Mazda necesitaba volver a ser rentable con rapidez, cosa nada fácil en una industria brutalmente competitiva, que además se caracteriza por unos plazos de desarrollo largos y fuertes inversiones de capital.
Si Mazda tuvo éxito fue porque reunió a sus expertos en ingeniería, diseño y producción para analizar la lógica de lo que estaban haciendo otros fabricantes. Adquirió una nueva conciencia que le permitió avanzar por su cuenta y desviarse de la doctrina dominante sobre la construcción de automóviles. El resultado fue una gama de coches eficientes y divertidos de conducir que ha cosechado un éxito inmenso que no solo ha reforzado la reputación de Mazda como una empresa sin miedo a hacer las cosas de una forma distinta, sino que le ha catapultado a dos años consecutivos de beneficios de explotación récord. Y todavía se espera un tercero, para el año fiscal que finaliza el próximo 31 de marzo.
"Teníamos el know-how, pero lo que nos hacía falta era entender el know why; es decir, coger con pinzas las rutinas que habíamos heredado y observarlas en el microscopio", declaró Jeff Guyton, Presidente y Director General de Mazda Motor Europe. "Nuestra generación de vehículos actual es el resultado de ese esfuerzo. En otras palabras, el producto de una cultura genuina de entender el por qué". Guyton ha hecho hincapié en que el objetivo de Mazda hoy por hoy es desarrollar vehiculos con motores de combustión que sean cada vez más eficientes, en vez de apostar por lanzar al mercado vehículos eléctricos.
Otros, como Thomas Rippel, también han adoptado con éxito este enfoque de "entender los por qués". Una enfermedad alimentaria despertó en este trotamundos un profundo interés por la salud y los alimentos sostenibles, hasta el punto de dedicarse a la agricultura ecológica. Una de las cosas que le interesó especialmente fue encontrar formas mejores y más eficientes de utilizar el estiércol de vaca como fertilizante, tratándolo como un "oro negro". Rippel está convencido de que la ganadería (y el consumo de ternera) no solo es sostenible si se realiza correctamente, sino que podría ayudar a mitigar algunos problemas críticos, como el cambio climático, el hambre y la fertilidad de los suelos.