Los datos se corresponden a una macro muestra poblacional de EEUU, que han sido objeto de estudio desde el año 1982. Transcurrido el tiempo, tal y como también destaca larazon.es, se constata que, por cada 10 partes adicionales por mil millones (ppb) en la exposición a largo plazo al ozono, aumenta el riesgo de morir por enfermedad pulmonar en un 12%, por enfermedades cardiovasculares en un 3% y en un 2% por todas las causas. Una exposición a la que se enfrentan a diario cerca de 130 personas, según el propio estudio, y cuya presencia prevalece con creces, a diferencia de otras partículas contamiantes que han logrado disiparse mínimaente.
Según el estudio, capitaneado por la investigadora en el Centro McLaughlin para la Evaluación de Riesgos en Salud Poblacional en Ottawa y del CREAL de Barcelona, Michelle C. Turner, el mayor riesgo de mortalidad se concentra en pacientes que presentan diabetes (en un 16% de los casos); arritmias, insuficiencia cardiaca y paro cardiaco (15%) y Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica -EPOC- (14%).
Se trata de unas conclusiones basadas en una muestra de casi 670.000 registros del Estudio de Prevención del Cáncer de la Sociedad Americana del Cáncer (CPS-II), participantes todos ellos procedentes de los 50 estados de EEUU que presentaban una media de edad de 55 años. Durante los casi 35 años que ha durado el estudio, murieron más de 237.000 participantes.
Tal y como subraya larazon.es, "los investigadores, que tuvieron en cuenta para su análisis las partículas finas de contaminación (PM 2.5), se sorprendieron por un hallazgo: las PM2.5 de fuente cercana, en gran parte atribuibles al tráfico, estaban más fuertemente asociadas con muertes por enfermedad cardiovascular que las PM2.5 regionales, atribuibles a la quema de combustibles fósiles y la formación secundaria de las partículas en la atmósfera". En este sentido, según el estudio, por cada aumento de 10 ppb en PM2.5 de origen cercano, la tasa de mortalidad se elevó un 41%, en comparación con el 7% para las PM2.5 de origen regional.