En cualquier caso, el padre de la criatura tiene la obligación de tomarse al menos 60 días + 10 días laborables a partir del nacimiento, algo que no es de extrañar teniendo en cuenta que el país nórdico lleva fomentando los permisos paternales desde que estos saltaran a escena, el año 1974. Entonces, decidió reemplazarse la licencia de maternidad por la licencia de paternidad, que otorga a ambas personas en la pareja la oportunidad de pasar tiempo en casa con los niños.
Veinte años después de su entrada en vigor, la realidad era que el 90% del permiso seguía siendo disfrutado por la madre, por lo que, en 1995, el gobierno sueco decidió introducir una nueva cuota que obligaba a los padres a disfrutar de 30 días de ese permiso. Si el padre no se tomaba el mes del trabajo, la pareja en conjunto perdería un mes de licencia pagada.
Una cuota que en 2002 se amplió hasta los 60 días y que, ahora, gracias a una pequeña modificación y nuevos incentivos en la normativa que entraron en vigor el pasado 1 de enero, se extenderá hasta los 90 días (tres meses).