El Informe de Constataciones parte del análisis realizado sobre el estado de ánimo global de los ciudadanos, en el que prima el descreimiento en las instituciones sociales y políticas. A pesar de ello, en las primeras conclusiones de esta investigación, sorprende descubrir que existe una actitud optimista hacia las marcas: 3 de cada 4 ciudadanos sienten confianza hacia aquellas marcas presentes en su vida cotidiana.
Más del 90% de los ciudadanos consultados considera necesario que las marcas “den la cara” y “conversen” con el consumidor. Les importa más lo que las marcas hacen que lo que dicen. Es tal la concienciación de los ciudadanos que no es de extrañar que el 60% se interese con frecuencia por lo que hacen las marcas y un 62% se informe sobre su actividad a través de canales independientes que no gestiona ni controla la marca.
El 70% coincide en que la confianza, la honestidad y la responsabilidad son valores fundamentales en las marcas. El perfil más joven —entre 18 y 34 años— pondera más valores como la empatía, la innovación y la valentía de las marcas.
La investigación desprende que 7 de cada 10 ciudadanos desearían comprar en base a otros valores más allá de la calidad y el precio, dos de los cuales ya lo hacen. Por otro lado, un 58% asume que cuando compra barato adquiere productos fabricados en condiciones ambientales y/o sociales menos responsables.
De ello se desprende que las personas tienen una mayor conciencia y aplican un “criterio sensato” a la hora de escoger qué y cómo comprar. Podemos hablar de un ciudadano empoderado, informado e inteligente.
Las marcas han entrado en un escenario de transformación, pasando de “hacer para” a “hacer con”, estableciéndose así un ejercicio presente y futuro por su parte para dar respuesta a tres grandes desafíos: poner el foco en las personas, conversar más allá de dialogar y c onectar desde un relato honesto y creíble. En definitiva, "ser" y "hacer" antes que "parecer".