"El balance es bastante astronómico", afirma la coautora del estudio e investigadora Denise Hardesty, quien incide que la presencia de plástico en los mares y océanos ha ido in crescendo a medida que los humanos los han ido implementando en su vida. "En los próximos 11 años produciremos un volumen de plástico igual al que se ha producido desde los años 50 del año pasado, cuando la industria del plástico apareció", añade Hardesty.
El problema, en general, es que las aves confundes los trozos de plástico presentes en el agua marina por huevos de peces, de los que suelen alimentarse especies como los albatros y las pardelas, dos de las más propensas a comer trozos de plástico por confusión.
El estudio concluye, asimismo, que las zonas con una variedad de especies mayor, como Australia y Nueva Zelanda, son las más afectadas por esta lastra. Las regiones de América del Norte y Europa, sin embargo, no registran una presencia de plástico en el interior de las aves marinas tan abrumadora.