“Hemos hecho un viaje largo y hemos llegado hasta un paraíso helado, uno de los lugares más hermosos del planeta. Lo que más me ha impresionado ha sido lo que nos ha contado la comunidad Sami, sus habitantes: que esta zona está cambiando, que los inviernos cada vez son más cortos y los veranos más largos y que temen por el futuro. Oírlo en primera persona es muy impresionante." ha añadido Anaya.
El primer destino de la expedición fue el lago Inari de Finlandia, cuyo Gobierno es un ejemplo de compromiso por la protección del Ártico, donde las temperaturas están subiendo dos veces más rápido que en cualquier lugar del mundo.
"Lo que más me ha impactado es darme cuenta de cómo el calentamiento es un evidencia. Lo que he visto no es lo que yo me imagina: me imaginaba todo mucho más blanco, mucha más nieve, mucho más frío y la verdad es que en muchos momentos la temperatura se parecía mucho a la de invierno en Madrid. Teniendo en cuenta que estamos muy cercanos al norte es bastante impactante", ha explicado Gemma Mengual.
Esta expedición de Greenpeace coincide con un momento que puede ser histórico para el Ártico. El próximo 22 de junio, representantes de todos los países tienen la oportunidad de asegurar un compromiso para la primera área protegida en el océano Ártico en la reunión del Convenio Ospar, único convenio con mandato de Naciones Unidas para proteger las aguas internacionales. Esta área supondría la protección de cerca de un 10% del Santuario Ártico, una superficie equivalente a la mitad de España. Sería el primer paso para conseguir el objetivo final de la campaña Salva el Ártico de Greenpeace.
"El Ártico es el océano más desprotegido del planeta, y los líderes mundiales deben prohibir las prospecciones petrolíferas en las aguas que rodean al polo norte, en junio tenemos la oportunidad de asegurar un compromiso de protección de un 10% de estas aguas", ha declarado Pilar Marcos, responsable del proyecto Salvar el Ártico de Greenpeace.
El Ártico se derrite por el cambio climático y lo hace a pasos agigantados: en los últimos 30 años se ha perdido perdido tres cuartas partes de su hielo. El Ártico funciona como un aire acondicionado global, y de él depende el clima del planeta. Por eso Greenpeace pide que sea declarado santuario global.