Según recoge la edición digital de The Guardian, a pesar de que el estudio no ha concluido de forma firme que los fabricantes sean responsables de la fecha de obsolescencia del aparato, sí que ha puesto de relieve que la proporción de unidades vendidas para reemplazar una aparato defectuoso subió del 3,5% en el 2004 al 8,3% en 2012. También que los productos electrónicos que se deben cambiar por fallo dentro de los primeros cinco años de utilización creció del 7% al 13% entre el 2004 y el 2013.
Otro de los aspectos que tiene en cuenta el informe es la modificación de las preferencias del consumidor, que puede cambiar un producto que funciona bien por otro que ofrezca más prestaciones o que esté más avanzado. Un fenómeno que ocurre con aparatos como lavadoras, neveras, televisiones u ordenadores.
La obsolescencia y el desuso de recursos es un problema que preocupa a las administraciones, por el impacto medioambiental que puede suponer y también por la pérdida de recursos útiles que significa. Es por ello que la Unión Europea trabaja para regular la eficiencia de estos recursos.