El coche familiar representa el 12% del consumo energético final de España, y supone unos 4.400 euros al año entre amortización del vehículo, combustible (1.200€), impuestos, seguros, peajes, mantenimiento y reparaciones. Pero el coste no sólo es económico: el transporte por carretera fue el responsable en 2011 del 22,4% de nuestras emisiones de CO2, el principal gas que contribuye al calentamiento global y el cambio climático.
La clave está, según el estudio, en hacer un uso racional del vehículo particular. Y es que el Observatorio indica que el 50% de los viajes en coche en la ciudad son inferiores a 3 kilómetros, y el 10% corresponden a trayectos de menos de 500 metros. Además, los vehículos son ocupados, un 75% de las veces, por una sola persona.
El estudio alerta de la sedentarización de la ciudadanía, un gran problema de salud que contribuye, por ejemplo, al sobrepeso y la obesidad de adultos y niños. Se calcula que el europeo medio pasa 15 días completos al año dentro de su coche.
Y la salud se resiente también por otros factores: se estima que en España 16.000 personas mueren prematuramente al año por una inadecuada calidad del aire. Niños, ancianos y personas con patologías previas son los más vulnerables a la contaminación atmosférica, provocada, en gran parte, por el tráfico motorizado. Es más, la OMS estableció en 2012 que los humos de los motores diésel eran cancerígenos del tipo 1, los más importantes, provocando cáncer de pulmón y, posiblemente de vejiga.
Sumadas estas patologías a la contaminación acústica, el 80% del ruido urbano es generado por el tráfico y el transporte, podemos asegurar que hay miles de razones por las que racionalizar el uso que hacemos del coche.
Durante 2012 y 2013 la Iniciativa ciudadana europea “30 km/h por unas calles habitables” trató de conseguir apoyo ciudadano para extender este límite de velocidad para los vehículos a motor en todas las zonas urbanas residenciales. Estas son sus ventajas: