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El informe 'La huella de carbono y su mitigación' constata la gran diferencia entre las emisiones agrícolas y ganaderas

Cien veces más CO2 en el cordero que en las naranjas


23/12/2014 08:28:31 De 140 a 10.629 gramos de dióxido de carbono (CO2) emitido por kilo. Esta es la abismal diferencia que media entre la huella de carbono de un kilo de naranjas y uno de carne de cordero. Se trata de uno de los datos extraídos del proyecto La huella de carbono y su mitigación, impulsado por la Unión de Pequeños Agricultores (UPA). Las conclusiones, recientemente presentadas, inciden en algo ya sabido: las emisiones asociadas a la ganadería son sustancialmente mayores que las de la agricultura.

Según explican desde elpais.com, un estudio del instituto de análisis británico Chatam House y un proyecto europeo liderado por WWF, LiveWell for LIFE, alertaban también hace unos días sobre la importancia de controlar desde nuestros hábitos culinarios las emisiones de carbono. El trabajo de UPA refrenda, con datos concretos, esta línea, y ha contado con los servicios de Solid Forest, empresa de consultoría técnica y desarrollo de software especializada en el análisis del ciclo de vida para el cálculo de la huella de carbono de productos y servicios. Rubén Jiménez, uno de los socios de Solid Forest, afirma que “el proyecto ha servido para elaborar el mayor banco de huella de carbono del sector agroalimentario español, ya que cuenta con 105 huellas de producto relacionadas con 33 explotaciones, más 13 seguimientos durante tres años”.

Los seguimientos se corresponden con explotaciones que emprendieron la reducción de su huella a partir de las auditorías energéticas realizadas por otro participante en la iniciativa, Ingelex. Javier Alejandre, coordinador técnico del proyecto dentro de UPA, afirma que “a pesar de la crisis, 11 de las explotaciones han invertido en medidas que han conllevado reducciones de emisiones y de consumo energético, y podrían haber sido mayores si el Gobierno no hubiera recortado los incentivos a las energías renovables, porque los agricultores las habrían implantado también”.

La base de datos contiene una variada muestra de productos agrícolas y ganaderos. La intención del proyecto, subvencionado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (Magrama) y el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (Feader), era cubrir la mayor variedad de cultivos (cereales, frutales, leguminosas y hortalizas) y explotaciones ganaderas (ovino, caprino, bovino, porcino y aviar) y el mayor espectro geográfico (Almería, Toledo, Palencia, Pontevedra, Zaragoza, etcétera). Aun así, las conclusiones dejan claro que las explotaciones analizadas no se pueden extrapolar a la categoría de producto que representan para toda España, debido a la heterogeneidad de las producciones.

Más carbono animal que vegetal

Sin embargo, sí se pueden hacer valoraciones por categorías, y aquí la diferencia más apreciable se da entre los productos derivados de la ganadería y los de la agricultura. Las carnes de cabrito, cordero, vaca y ternera aparecen con las mayores emisiones equivalentes de CO2 por kilo, mientras la aceituna, la uva ecológica, el pimiento y la naranja presentan cifras mucho más reducidas. Esta diferencia se explica por la digestión animal y la gestión del estiércol asociadas a la ganadería, aspectos que contribuyen entre un 55 y un 86% a la huella de carbono. También se matiza que los animales que disponen de rumen (ovino, bovino y caprino) generan mayores emisiones de metano (potente gas de efecto invernadero) que los animales monogástricos, debido al diferente proceso de descomposición de la materia orgánica. Mientras una vaca emite en torno a 55 kilos de metano al año un cerdo produce algo menos de dos.

También se dan diferencias sustanciales entre la agricultura, de los 91 gramos de CO2 equivalente por kilo de la naranja Salustiana a los más de 500 y hasta 1.000 gramos por kilo de algunos cereales y oleaginosas. En estos casos, tanto la fertilización nitrogenada del suelo como el consumo de agua elevan las huellas de carbono. Por el contrario, en las conclusiones del proyecto se explica que “el cultivo de naranjas concentra una altísima producción por hectárea, lo que, aun con una fertilización media-elevada, reduce de forma importante su huella”. Los cultivos de invernadero e hidropónicos (sustratos artificiales) también elevan las emisiones de CO2 y, en general, las reducen los productos ecológicos y los destinados a forrajes, al tener menor consumo de entrantes.

La metodología empleada por Solid Forest, denominada PAS2050, es una de las varias que se emplean para hallar la huella de carbono, aunque aseguran que “es la de mayor aplicación en España para productos”. Bajo este esquema se realiza un análisis de ciclo de vida (ACV) enfocado a la evaluación de un solo aspecto ambiental: el calentamiento global, expresado en emisiones de gases de efecto invernadero. La metodología exige un estudio exhaustivo de procesos, materias entrantes y transporte entre las que destaca el laboreo, iluminación y calefacción de naves, digestión animal, agua para riego, gestión del estiércol, transporte de materias primas y animales y uso de fertilizantes, fitosanitarios, plástico en invernaderos y semillas. Pero las emisiones totales siempre serán mayores, ya que la metodología empleada analiza las que se producen durante la fase agronómica, hasta el traspaso del producto a otra organización, sin considerar etapas posteriores de procesado, distribución o uso.

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