La violencia de género es una escandalosa realidad que cada día se extiende más y afecta a toda la sociedad. Sus consecuencias son terribles: cientos de miles de mujeres viven atemorizadas cada día por una situación de terror físico y psicológico en sus hogares y entorno más cercano.
Sorprendentemente, los causantes de este mal no son hombres extraños a las víctimas, sino que en la mayoría de los casos son sus propios maridos, novios o parejas quienes las maltratan. Los agresores son hombres que basan su seguridad personal en valores que representan el estereotipo tradicional masculino: la imposición a través de la fuerza física, la competencia, la agresividad y un estatus de superioridad y privilegio con respecto a la mujer.
Son hombres que no están siendo capaces de reconvertirse hacia un tipo de relaciones igualitarias, basadas en el respeto mutuo, ni de adaptarse a los cambios que el avance hacia una sociedad más igualitaria está provocando.
Ante esta realidad los hombres no podemos permanecer callados, pretendiendo no tener responsabilidad moral ante las víctimas. Por eso, desde AHIGE, levantamos nuestra voz para lanzar a la sociedad un claro mensaje de rechazo absoluto de las raíces de la violencia contra las mujeres, negando cualquier razón que la justifique. No hay excusa posible.