Según informa El País, los reactores no empezarán a funcionar de inmediato, a falta de revisiones adicionales a instalaciones de la planta y a los mecanismos de seguridad. Además, para entrar en funcionamiento, también deberá tener el visto bueno de las autoridades locales de la prefectura de Kagoshima, así como de la población local, el paso más complicado.
De hecho, mientras que el Gobierno japonés se inclina a favor de recuperar la energía nuclear, dada la escasez de fuentes de energía propias y el precio de importación de gas y petróleo, la mayoría de la población es contraria a hacerlo. Según una encuesta del diario Nikkei Shimbun, el 56% de los japoneses no quiere reactivar las plantas apagadas, frente al 32% que sí apoya esa medida, informa El País.
En este sentido, activistas en contra de la reapertura han protagonizado protestas en contra de la reapertura, así como Greenpeace, que critica la decisión. Según la organización, el aumento de la eficiencia en el uso de la electricidad y medidas para ahorrar su consumo desde el año fiscal 2010 hasta el año fiscal 2013 equivale al total de la energía que producirían trece centrales nucleares, suficiente para cubrir las necesidades de 22 millones de familias en Japón, informa El País. Por otro lado, Greenpeace también alerta sobre los problemas sobre la salud de los habitantes de la zona de Fukushima. 57 niños han desarrollado cáncer de tiroides desde que se produjera el accidente nuclear, cifras que contrastan con la media: en Japón por cada 100.000 personas 1,7 desarrollan este cáncer, en Fukushima llegan a 30.