Tristeza, agitación, ansiedad, agobio, nerviosismo e irritabilidad. Es el signo de la personalidad neurótica de nuestro tiempo, que tan bien describió la psicóloga Karen Horney, como efecto del contexto y las inquietudes vitales incorporadas a la actual forma de vida. Es un síndrome que a muchos les afecta literalmente en su día a día. El Hospital Quirón describe en un informe que el regreso de las vacaciones puede provocar alteraciones como la falta de apetito, dolores musculares o irritabilidad, una situación que suele afectar más a menores de 45 años y a aquellos que se incorporan a la rutina sin una breve transición. Apuntan que alrededor de un 20% de los afectados por este síndrome se recupera en uno o dos días mientras que un 35% tarda hasta dos semanas.
Los especialistas aconsejan que para evitar los incontrolables efectos del retorno a la rutina se afronte ese cambio con una programación prejvia, volver a casa de manera anticipada y relajada, no llevarse trabajo a casa o practicar ejercicio físico moderado los días previos al temido retorno, afirma el director de IMF Business School y director de un máster en prevención de riesgos laborales, Carlos Martínez.
No olvidar que los más pequeños y los adolescentes también sufren el síndrome posvacacional. Así lo asegura la Asociación Española de Psiquiatría Privada (ASEPP) en un estudio, en el que revelan como durante los primeros días de colegio los más pequeños pueden sufrir falta de sueño o intranquilidad, falta de apetito.