El nuevo registro, que se describe en un artículo de la revista de Nature Publishing Group Scientific Reports, se extiende por un período comprendido desde 1600 hasta 2010. Los nuevos datos muestran “el dramático impacto de las actividades industriales, como la fundición, la minería y la quema de combustibles fósiles, incluso en los rincones más remotos del mundo", dijo McConnell. “La contaminación por plomo industrial fue generalizado en toda la Antártida a finales del siglo XIX, más de dos décadas antes de que los primeros exploradores llegaran al Polo Sur", agregó.
A la exploración de las muestras, financiada por la National Science Foundation, se añadieron otras muestras de hielo aportadas por colaboradores internacionales como el British Antarctic Survey, the Australian Antarctic Division y el Alfred Wegener Institute de Alemania. Éstas últimas fueron “fundamentales para el éxito de este estudio en el que nos ha permitido desarrollar los registros de las partes de la Antártida no visitadas frecuentemente por científicos en Estados Unidos," dijo el coautor del extudio Tom Neumann, del Goddard Space Flight Center de la NASA de Maryland.
Otro de sus coautores, Paul Vallelonga, de la Universidad de Copenhague explicó que "el plomo es un metal pesado tóxico con fuerte potencial de dañar los ecosistemas" y que “aunque las concentraciones medidas en muestras de hielo de la Antártida son muy bajas, los registros muestran que las concentraciones atmosféricas de los índices de depósito se incrementaron en aproximadamente seis veces a finales de 1880”. Con todo, se ha puesto de manifiesto que las concentraciones de plomo en la Antártida alcanzaron su punto máximo en 1900, manteniéndose hasta finales de 1920, con breves caídas durante la Gran Depresión y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Concentraciones que luego volvieron a aumentar, y rápidamente, hasta 1975 y se mantuvieron elevadas hasta la década de 1990.
Desde entonces, las concentraciones han disminuido, pero todavía hay niveles cuatro veces más altos que antes de la industrialización, a pesar de la eliminación de la gasolina con plomo y otros esfuerzos de mitigación en muchos países del hemisferio sur, según publica la Nasa. “Nuestras mediciones indican que aproximadamente 660 toneladas de plomo industrial se han depositado en la superficie cubierta de nieve de la Antártida durante los últimos 130 años”, indíca McConnell, quien asegura que, aunque los niveles de contaminación sean ahora los más bajos, “aún nos queda mucho camino por recorrer”.